Por Gastón Fournier
En su primera edición, la Feria de Arte Contemporáneo de Tucumán se presenta en Buenos Aires con una ambición clara: activar nuevos compradores, consolidar una escena y posicionar al norte argentino dentro del circuito nacional e internacional.
EL LANZAMIENTO: ENTRE LO INSTITUCIONAL Y LO IMPREVISTO
Hay algo que sucede cuando una escena todavía no está del todo institucionalizada: los gestos importan más. Los encuentros, también.
La presentación de ArTuc —la primera Feria de Arte Contemporáneo de Tucumán— tuvo lugar el viernes 10 de abril al mediodía en la Casa de la Provincia de Tucumán en Buenos Aires. Un espacio que, como toda casa provincial, oscila entre lo administrativo y lo simbólico. Pero esta vez, algo distinto estaba en juego.
El encuentro contó con la participación de Enrique Salvatierra – Secretario de Estado de la Provincia de Tucumán en CABA- quien ofició como anfitrión, y del presidente del Ente Tucumán Turismo, Domingo Amaya.


Junto a ellos, los directores generales de la feria, Fredesvinda Denis y Juan Grande, presentaron los lineamientos de una iniciativa que, desde su primera edición, busca inscribirse en una escala mayor.


La invitación había llegado a través de los coleccionistas Pablo Maza y Marcela Di Capua. Y desde el inicio, el tono fue otro: menos protocolo, más escena.


Andrea Norton —encargada de Relaciones Institucionales de la casa— había hecho lo correcto: pasarme el nombre indicado, Jacinta Racedo: es quien desempeña un papel clave en el área de Cultura. Lo que siguió no fue tan prolijo. Antes de llegar a esa presentación, en un movimiento poco elegante pero altamente efectivo, terminé volcando un café recién servido. Y ahí, en medio del pequeño desastre, apareció Jacinta. No como contacto agendado, sino como quien resuelve. Después vendrían los nombres, los roles, las introducciones formales. Pero para entonces, lo importante ya había pasado: la red no se había activado por protocolo, sino por accidente.
A partir de ahí, los nombres empezaron a cruzarse: Juan Grande, Fredesvinda Denis. Y con ellos, una trama.
Entre los asistentes, la escena federal decía presente: Joaquín Rodríguez (curador de +Feria Santa Fe), Marcelo Samuel Dansey (ArteCo, Corrientes), Vanesa Amenábar, Mariana Bersten (Fundación El Mirador), Ale Britos —siempre orbitando donde algo importante sucede— y Juan Gabriel Batalla (Infobae). No era solo una presentación: era un tester.
El cierre, como toda buena escena del norte, tuvo sabor: empanadas tucumanas. Y sí, también ahí hay cultura.

UNA FERIA COMO ESTRATEGIA: FORMAR COMPRADORES, NO SOLO ESCENA
“Tenemos que generar nuevos compradores”. La frase no es nueva. Pero en boca de Juan Grande —director de Dinamo Creativo— adquiere otro peso: el de quien está construyendo estructura.
ArTuc no se presenta como una feria más. Se presenta como una herramienta.
Como señaló Juan Grande durante la presentación:
“Estamos trabajando hace casi un año para que esto no sea solo una feria, sino el inicio de un mercado posible”.
La feria se realizará del 25 al 28 de junio en la Sociedad Rural de Tucumán y se proyecta con una participación de más de 30 galerías, 250 artistas y una programación que excede el formato expositivo: clínicas, activaciones, agenda satélite y cruces con el turismo y la producción local.
A esto se suma un esquema de premios que busca fortalecer el entramado institucional. Como explicó Juan Grande, la feria contará con reconocimientos de organismos públicos y privados, incluyendo premios de adquisición de la legislatura y el ente de cultura, así como apoyos a programas de formación y residencias como Crudo y la Residencia Rural (Tucumán).
Pero el punto neurálgico es otro: la formación de mercado.
En un país donde los artistas emigran por falta de circuito comercial, la estrategia es clara: ampliar la base de compradores. No solo coleccionistas tradicionales, sino arquitectos, diseñadores, desarrolladores, empresarios, sector agro, una clase alta y media alta viajada capaz de entender que el arte no es decorativo, sino constitutivo.
En ese sentido, la clínica de coleccionismo a cargo de José Luis Lorenzo aparece como un gesto clave: educar la mirada, correr el póster, habilitar la obra. Está programada para el 29 de mayo, en el marco de una activación previa que conecta formación, mercado y territorio. Se llevará a cabo en la mismísima Casa Histórica de Tucumán.
Como señaló uno de los participantes del jurado: “No necesitamos solo coleccionistas, necesitamos compradores. Porque los artistas tienen que vivir”.
En un contexto donde —como se mencionó durante la jornada— cierran galerías y el ecosistema atraviesa una fragilidad estructural, la aparición de nuevas ferias no es un exceso: es un síntoma.
El jurado —integrado por Joaquín Barrera, Ana Won y los coleccionistas Pablo Mazza y Marcela Di Capua (Colección MyP), — no solo garantiza un criterio curatorial, sino que introduce una variable clave: la mirada del coleccionismo activo en la toma de decisiones y la intención de construir legitimidad desde el inicio.


TUCUMÁN COMO PROMESA: TERRITORIO, ESCALA Y PROYECCIÓN
En diálogo con Fredesvinda Denis aparece una capa que excede lo ferial. “Tenemos una Facultad de Arte que educa y crea artistas. La mayoría de los artistas tucumanos tienen que irse de la provincia para poder vivir. Eso no puede seguir sucediendo”.
Tucumán no parte de cero: tiene formación, artistas circulando en Buenos Aires, una escena activa. Lo que no tenía —hasta ahora— era un mercado. Y ahí aparece ArTuc.
En esa misma línea, Fredesvinda anticipó:
“Vamos a tener un programa especial para visitas, para coleccionistas y para galeristas de otras provincias, con distintas activaciones en espacios públicos y también en galerías privadas”.
Y aclaró un punto clave: la convocatoria está dirigida a galerías y a proyectos de gestión y comercialización de artes visuales, ampliando el ecosistema más allá del formato tradicional.
Pero también aparece algo más: Aconquija. El centro cultural impulsado junto a su marido, donde las danzas tradicionales, la música y el canto sostienen una identidad viva. No como folclore congelado, sino como práctica. Esa tensión entre tradición y contemporaneidad es, quizás, el verdadero diferencial.
Por su parte, Juan Grande lidera Dinamo Creativo, una consultora dedicada a la gestión cultural contemporánea, enfocada en creación, producción, difusión y promoción de proyectos artísticos.
El predio elegido —la Sociedad Rural de Tucumán— acompaña esa ambición. Blanco, pulcro, de una escala inesperada. Más cercano a una arquitectura urbana contemporánea que al imaginario rural. Por momentos, incluso, con esa estética aséptica que podría alojar una escena de The Substance.
La feria, organizada por Dinamo Creativo y Fundación Contemporánea, no se plantea como evento aislado, sino como proyecto a largo plazo. Un intento de posicionar a Tucumán como nodo dentro del circuito norte del arte.
Como sintetizó uno de los funcionarios presentes: “La cultura no es solo lo urgente. Es lo necesario”. Y en ese desplazamiento —de lo urgente a lo necesario— aparece la potencia real de ArTuc.

En ese punto, Pablo Mazza puso en números lo que hasta entonces se intuía: “En Argentina hay cientos de galerías, con miles de artistas. ¿Y coleccionistas? No sé si llegamos a cien”. Y en ese desbalance aparece el núcleo del problema:
“El coleccionista no es solo una persona: es una empresa, un desarrollo inmobiliario, un actor económico. Tenemos que convocar a quienes hoy no son parte”.
Ahí, la intervención de Pablo Mazza terminó de correr el eje —y de decir lo que muchos piensan, pero pocos formulan con claridad—:
“Tenemos que invitar a la gente a comprar arte. A perder el miedo. A entender que no es algo inaccesible. Que puede ser la primera obra, no el póster de Falabella”.
Lo dijo con humor, sí. Pero también con precisión.
Porque en esa imagen —la del póster reemplazando a la obra— se juega, en gran parte, el desafío estructural del arte contemporáneo en Argentina.
Créditos fotográficos: Gabriel Altamirano
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