✒️ Por Julia Aramburu
Julio Le Parc murió a los 97 años en París. Referente central del arte argentino y figura clave del cinetismo internacional, transformó la relación entre luz, movimiento, percepción y participación del espectador.
Murió Julio Le Parc, uno de los artistas argentinos más influyentes del siglo XX y una figura decisiva del arte cinético internacional. Nacido en Mendoza en 1928 y radicado en París desde fines de la década de 1950, Le Parc construyó una obra que modificó profundamente la relación entre la imagen, el espacio y el público. Su producción, atravesada por la luz, el color, el movimiento y la inestabilidad perceptiva, convirtió la experiencia artística en un campo activo, donde mirar dejó de ser un gesto pasivo para transformarse en participación.

La noticia de su fallecimiento, ocurrido en París a los 97 años, generó múltiples despedidas dentro del campo artístico argentino e internacional. Desde Malba, institución que en 2014 presentó la exposición Le Parc Lumière, lo recordaron como un maestro indiscutido del arte argentino y uno de los artistas más innovadores de su tiempo. Su muerte marca el cierre de una trayectoria excepcional, pero también reactiva la pregunta por la vigencia de una obra que sigue interpelando los modos de mirar.
Una obra que desplazó los límites de la percepción
Le Parc fue pionero en una forma de entender el arte como experiencia visual, corporal y colectiva. Sus investigaciones se alejaron de la obra concebida como objeto estático y propusieron dispositivos capaces de alterar la percepción del espectador: luces móviles, reflejos, tramas, superficies vibrantes, estructuras en movimiento y ambientes inmersivos. En ese desplazamiento, su trabajo formó parte de una transformación mayor del arte contemporáneo, en la que la obra dejó de estar cerrada sobre sí misma para abrirse a la acción, al recorrido y a la mirada cambiante del público.


Tras instalarse en París, Le Parc integró una escena experimental marcada por la abstracción, el arte óptico y las búsquedas cinéticas. Allí fue uno de los fundadores del Groupe de Recherche d’Art Visuel, conocido como GRAV, un colectivo que cuestionó las jerarquías tradicionales del arte y propuso nuevas formas de interacción entre obra y espectador. Esa dimensión colectiva y experimental fue central en su pensamiento: el arte no debía funcionar como un objeto sagrado e inaccesible, sino como una experiencia capaz de activar la sensibilidad, la percepción y la participación.
De Mendoza a París: una figura argentina de proyección internacional
La trayectoria de Julio Le Parc alcanzó una consagración decisiva en 1966, cuando recibió el Gran Premio de Pintura en la Bienal de Venecia. Ese reconocimiento consolidó su lugar dentro de la vanguardia internacional y proyectó su obra en un circuito global. Sin embargo, su producción nunca perdió el vínculo con Argentina, donde fue celebrado en distintas etapas con exposiciones, intervenciones públicas y homenajes institucionales.
Entre sus obras más reconocidas se encuentran sus continuales lumínicos, móviles, tramas alteradas, estructuras de color y dispositivos participativos. En todas ellas aparece una misma preocupación: desestabilizar la mirada, romper la quietud de la imagen y hacer visible que toda percepción es una construcción. Su obra no busca únicamente ser contemplada; exige movimiento, cambio de punto de vista, desplazamiento físico y atención activa.

Ese carácter experimental explica su presencia en colecciones e instituciones internacionales y también el renovado interés que su producción despertó durante las últimas décadas. Tate Modern tiene programada una exposición dedicada a Julio Le Parc entre el 11 de junio de 2026 y el 3 de mayo de 2027, una señal más de la vigencia de su obra dentro del mapa contemporáneo global.
Le Parc en Malba: luz, colección y memoria institucional
En Argentina, uno de los capítulos institucionales más significativos de su circulación reciente fue la exposición Le Parc Lumière, presentada por Malba en 2014. La muestra reunió un conjunto de instalaciones históricas centradas en sus experiencias cinéticas en torno a la luz, realizadas principalmente durante los años sesenta. Organizada junto a la Colección Daros Latinamerica, permitió acercar al público local un núcleo fundamental de su producción: obras inmersivas, lumínicas y móviles que condensan el carácter poético y experimental de su investigación.
Actualmente, la Colección Malba–Costantini conserva 47 obras de Julio Le Parc, entre ellas Six cercles en contorsion, Cercle en contorsion sur trame rouge, Sept mouvements surprises, Trames altérées, Continuel-lumière cylindre, Continuel-mobil y Cellule à pénétrer. Ese conjunto, incorporado tras la adquisición de la Colección Daros Latinamerica por Eduardo F. Costantini, permite dimensionar la amplitud y radicalidad de una producción que sigue ocupando un lugar central en la historia del arte latinoamericano.

La presencia de obras de Le Parc en la actual exposición Latinoamérica en expansión refuerza, además, la actualidad de su legado. Su trabajo no pertenece únicamente a una genealogía histórica del cinetismo; continúa dialogando con debates contemporáneos sobre percepción, participación, tecnología, espacio público y experiencia sensorial.
Un legado que sigue iluminando la mirada
La muerte de Julio Le Parc abre un momento de despedida, pero también de relectura. Su obra ocupa un lugar singular porque logró unir rigor formal, experimentación técnica y una concepción profundamente democrática de la experiencia artística. Frente a la idea de una obra cerrada, distante o intocable, Le Parc propuso situaciones perceptivas abiertas, inestables y compartidas.
Su legado puede leerse en las tramas que vibran, en los reflejos que se multiplican, en los móviles que alteran el espacio y en las instalaciones que obligan al cuerpo a entrar en relación con la obra. Pero también en una forma de pensar el arte como una herramienta para modificar la percepción del mundo. En ese sentido, su producción sigue siendo una invitación a mirar de otro modo: con atención, con extrañamiento, con movimiento.
Julio Le Parc deja una obra fundamental para el arte argentino y latinoamericano, pero también una pregunta que permanece abierta: qué puede hacer el arte con nuestra manera de percibir. Su respuesta, construida durante más de seis décadas, sigue encendida en la luz, el color y el movimiento de sus obras.
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