ARTUC 2026: Las rosas y las espinas de una primera edición que todavía sigue dando que hablar

Artuc, Ferias, Noticias

✒️ Por Gastón Fournier

Mientras el público recorría los stands, detrás de escena ocurría otra feria. En este diálogo exclusivo con sus organizadores, Juan Grande y Fredesvinda Denis reconstruyen reconstruyen por primera vez todo aquello que ocurrió detrás de escena: apoyos que desaparecieron, decisiones difíciles, tensiones, aprendizajes y los enormes desafíos de construir una feria de arte contemporáneo desde el interior del país.

Hay notas que buscan la primicia. Otras se conforman con registrar los resultados. A mí me interesan las exclusivas: esas historias que aparecen cuando ya pasó el ruido, cuando la sensibilidad reemplaza a la urgencia y la honestidad se vuelve más importante que el titular. Desde esa mirada —frontal, pero profundamente humana— esta crónica intenta comprender el proceso antes que celebrar únicamente el resultado. Porque detrás de toda feria existen aciertos, tensiones, decisiones, errores, entusiasmos y personas. Y es precisamente ahí donde comienza la verdadera historia.

Porque cuando las luces se apagan, los stands se desmontan y las obras regresan a sus galerías, recién entonces aparece la verdadera dimensión de una feria. Es la parte menos visible: revisar todo aquello que funcionó, aquello que falló y las decisiones que nadie vio mientras la feria sucedía.

Esa conversación casi nunca ocurre en público.

Durante tres días, ARTUC mostró una escena vibrante: galerías de todo el país, premios adquisición, charlas, publicaciones, coleccionistas, artistas, periodistas especializados y miles de visitantes recorriendo el predio.

Pero mientras eso sucedía delante del público, otra completamente distinta ocurría detrás de escena. Una feria hecha de presupuestos que cambiaban sobre la marcha. De vuelos cancelados. De llamados de último momento. De negociaciones. De decisiones curatoriales. De momentos de crisis.

Y de un equipo que decidió seguir adelante aun cuando parecía que todo podía complicarse.

Semanas después del cierre, Juan Grande y Fredesvinda Denis aceptaron reconstruir ese recorrido. No para ajustar cuentas. Sino para entender qué significa realmente poner en marcha una feria de arte contemporáneo desde Tucumán.

Porque, como ellos mismos repiten durante toda la conversación, las primeras ediciones no nacen perfectas. Se construyen.

El sueño cumplido

Para Juan Grande, ARTUC nunca fue únicamente una feria.

Fue la construcción de una plataforma capaz de volver a conectar un ecosistema artístico que durante años había funcionado disperso.

“Nos propusimos que la primera edición fuera una verdadera plataforma. Que movilizara Tucumán. Y sentimos que eso ocurrió.”

Los números acompañan ese diagnóstico.

Más de 2.500 visitantes recorrieron la feria.

Se concretaron alrededor de 150 ventas.

La obra de mayor valor comercial fue una pieza de Ezequiel Linares adquirida por 10.000 dólares, mientras que un Antonio Berni encontró nuevo destino por 5.000 dólares.

Pero para Grande, el dato más importante fue otro: “La mayoría de quienes compraron fueron tucumanos.”

Y esa frase cambia completamente la lectura.

Porque ARTUC nunca esperó convertirse, desde su primera edición, en una feria dependiente exclusivamente del coleccionismo porteño.

Su verdadera apuesta consistía en comenzar a formar mercado. Formar compradores. Formar galeristas. Formar comunidad. En definitiva, construir las condiciones para que el arte contemporáneo pudiera comenzar a circular desde Tucumán hacia el resto del país.

Cuando las espinas aparecen antes que las flores

Toda feria tiene problemas: algunas logran ocultarlos, otras deciden aprender de ellos.

En ARTUC hubo cancelaciones de vuelos de Flybondi que obligaron a reorganizar completamente la llegada de periodistas, jurados e invitados.

Hubo galerías nacionales que confirmaron su participación y finalmente desistieron. Hubo espacios tucumanos que cuestionaron los criterios de selección. Otros que decidieron bajarse cuando la invitación implicó asumir el costo del stand.

También aparecieron tensiones propias de cualquier primera edición. Artistas locales que esperaban ser convocados. Galerías que sintieron que su lugar dentro de la escena merecía otra consideración. Situaciones habituales en los procesos de construcción de cualquier feria de arte consolidada.

Pero hubo un episodio que alteró completamente la planificación.

Pocos días antes de inaugurar, el aporte económico comprometido por el Ente Cultural de Tucumán finalmente no se concretó. Nada de eso aparece en las fotografías oficiales.

Fue, probablemente, el momento más delicado de toda la organización. Sin embargo, la feria abrió.

Y quizás ese sea uno de sus mayores méritos.

Las rosas, según Fredesvinda

Mientras Juan habla desde la construcción estratégica del proyecto, Fredesvinda Denis recuerda otra escena. Mucho más emocional. No habla de ventas. Habla del clima.

De los abrazos. De galeristas celebrando las ventas de otros galeristas. De artistas emocionados durante la entrega de premios. De un público que dejó de sentirse espectador para transformarse en protagonista.

“Las rosas fueron justamente esas. Ver que todo lo que imaginábamos empezaba a florecer.”

Su mayor satisfacción no aparece en una planilla. Aparece en las relaciones humanas.

En la comunidad que comenzó a reconocerse como tal.

Y en un equipo de trabajo que consiguió sostener un proyecto aun cuando las condiciones parecían cambiar todos los días.

Las espinas también enseñan

Cuando la conversación avanza hacia las dificultades, Fredesvinda no evita el tema.

Habla del retiro del apoyo institucional comprometido. Habla de ciertas posiciones de poder dentro del ecosistema artístico. Habla del desgaste.

“Son cosas que pasan cuando uno organiza un evento de esta magnitud.”

Sin dramatizar. Sin detenerse demasiado. Simplemente como parte del oficio.

Pero sobre todo habla de aprendizaje: “Las espinas también forman parte del jardín.”

Lejos de inmovilizar al equipo, sostiene que cada obstáculo terminó fortaleciendo el proyecto.

Porque esa situación obligó a demostrar que una feria de esta escala podía sostenerse incluso cuando las condiciones no resultaban ideales.

En ese recorrido también hubo episodios que generaron conversación pública. La performance que utilizó la desnudez como recurso de denuncia frente al abuso sexual infantil. La decisión de retirar una fotografía durante el desarrollo de la feria. La complejidad técnica de montar una estructura expositiva inédita para Tucumán. Una imprenta que modificó los colores previstos para toda la señalética. Horas de ajuste de iluminación coordinadas personalmente por Marcelo -productor teatral y compañero de Fredesvinda- para que cada obra encontrara su mejor versión.

Y esa mezcla permanente entre resolver problemas y sostener la experiencia estética terminó convirtiéndose, paradójicamente, en parte de la identidad de esta primera edición.

Lo que viene

Si algo queda claro después de conversar con ambos organizadores es que ARTUC no terminó cuando cerró sus puertas. La segunda edición comenzó esa misma noche.

Juan ya piensa en ampliar la presencia de galerías nacionales, fortalecer el coleccionismo regional y continuar formando nuevos compradores.

Fredes habla de seguir construyendo comunidad.

Los dos coinciden en una misma idea.

Que ARTUC sea mucho más que un evento anual.

Que funcione como una plataforma permanente para las artes visuales del norte argentino.

Epílogo

El huracán ARTUC ya pasó.

Tal vez el verdadero éxito de la feria no haya sido que todo saliera perfecto.

Fue demostrar que todavía existen personas dispuestas a asumir el enorme riesgo de producir una feria desde el interior del país. Y demostrar que una provincia que comenzó a imaginar una feria de arte contemporáneo podía convertirse en política cultural de largo plazo.

Las rosas fueron las que el público vio durante la inauguración.

Las espinas quedaron del lado de quienes hicieron posible que esa inauguración existiera.

Sin embargo, varias semanas después, todavía sigue generando conversaciones.

Y probablemente sea justamente esa convivencia entre belleza y conflicto la que convierta a ARTUC en un proyecto con verdadero futuro.

Porque las grandes ferias nunca nacen terminadas: se construyen edición tras edición. Y todo indica que Tucumán ya empezó a escribir esa historia.

Para ampliar esta lectura sobre el nacimiento de la feria y su apuesta por construir un mercado artístico desde Tucumán, también puede leerse la crónica previa de Acromática: ARTUC 2026: cuando Tucumán decide convertirse en mercado de arte.

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