Dina Kawer: el partido que todavía se está jugando

Artistas, Galerías, Muestras, Noticias

✒️ Por Gastón Fournier

Una conversación con Julia Baitalá y Dina Kawer sobre el arte de construir mundos. Entre la restauración, la pintura, el tenis y una aventura colectiva que ya tiene destino en Carabanchel, Madrid.

Hay artistas que trabajan con la realidad. Y hay otros que se permiten moverla apenas unos centímetros, como una pelota que todavía no tocó la línea.

Dina Kawer pertenece a este segundo grupo.

La conversación comienza de la mano de Julia Baitalá, galerista y directora de Galería Baitalá. Ella no tarda demasiado en encontrar una definición para el universo de la artista, que presenta en “VARados” su última muestra.

– “Es muy onírica”. Después se corrige sola. O, mejor dicho, amplía la idea.

Explica que no existe una única serie capaz de definirla. Hay deporte, naturaleza, paisajes rurales, animales, personajes, automóviles, recuerdos personales y pequeños episodios cotidianos que aparecen y desaparecen según la obra.

-“Va mezclando distintas situaciones todo el tiempo”. Mientras señala las pinturas, parece describir menos una producción artística que una manera de mirar el mundo.

Una artista que prefiere crear atmósferas

Mientras recorremos la muestra, la galerista observa las obras y encuentra una definición que parece sencilla, aunque probablemente explique buena parte del trabajo de la artista: Dina cuenta historias”. La frase queda flotando.

La artista mas tarde, responde algo inesperado: “No sé si soy una contadora de historias. Creo que soy más una creadora de ambientes.”

La diferencia es sutil, pero importante. Sus pinturas no buscan necesariamente construir un relato con principio y final. Intentan producir una sensación. Un clima.

Ese instante difícil de explicar que uno percibe al llegar a un lugar y descubrir que algo está sucediendo en el aire.

El paisaje siempre está presente.  Los animales. Las construcciones. Los objetos. Pero también sus ausencias.

Le pregunto por los personajes. En realidad, por la falta de ellos.

No hay prácticamente figuras humanas en sus pinturas. Y, sin embargo, el hombre está en todas partes: En las zapatillas abandonadas. En las canchas. En las construcciones. En los caminos. En las huellas que dejó sobre el paisaje.

-“El humano aparece a través de su ausencia.”

La definición resulta perfecta. Sus obras no muestran personas. Muestran aquello que las personas modificaron.

Pero también es verdad que hay monos, casas, plantas, guantes de box, automóviles, canchas de tenis y personajes que parecen haber llegado desde distintos sueños para convivir dentro de una misma pintura. 

Nada parece completamente absurdo. Nada parece completamente lógico.

Julia conoce esas historias desde hace tiempo. Hace casi dos décadas acompaña el trabajo de Dina Kawer y, mientras recorre la muestra, parece reconocer pequeños guiños personales escondidos entre las pinturas.

Después vuelve al recorrido y aclara algo que resulta fundamental para entender la exposición.

—“No hay una sola serie. Va mezclando todo el tiempo. El deporte, el paisaje, los animales, las escenas cotidianas… nada termina definiéndola completamente”.

Quizás por eso la muestra funciona como una travesía más que como una retrospectiva.

Y, de algún modo, todo encuentra un extraño equilibrio.

Tomá la galería

La invitación fue sencilla:

“Tomá la galería”

Julia Baitalá se lo dijo a Dina Kawer. Y Dina la tomó.

La única condición, aclara entre carcajadas, era que no hiciera un agujero en ninguna pared.

La artista respondió con una instalación barroca y generosa ocupando, el espacio con absoluta libertad. No quiso construir una única serie ni un relato lineal. Prefirió reunir décadas de producción y convertir la galería en una especie de mapa personal.

“-Que se vea todo lo que soy.”

Más que una exposición, la propuesta termina funcionando como un autorretrato.

Restaurar el pasado, inventar otros mundos

Mientras conversamos aparece un dato inesperado. Dina también es restauradora.

Y entonces la lectura cambia.

Trabaja hace más de veinticinco años restaurando obras en museos y reconoce que vive entre dos mundos. Se ríe cuando intenta explicarlo.

-“Soy un bicho raro para los restauradores y un bicho raro para los artistas”.

Porque una restauradora dedica buena parte de su tiempo a cuidar el universo de otros artistas. A respetar colores. Texturas. Decisiones. Pequeños gestos que alguien realizó mucho tiempo atrás.

Tal vez por eso encuentre una definición tan precisa para su trabajo.

“No se aprende a restaurar en general. Se aprende a restaurar la obra que se está restaurando. Y con la pintura me pasa exactamente lo mismo.”

Recuerda entonces una idea de Neil Gaiman sobre la escritura. Uno no aprende a escribir novelas. Aprende a escribir la novela que está escribiendo.

La frase parece funcionar también para su pintura.

Cada cuadro enseña a pintar el siguiente.

Mientras la escucho, me queda dando vueltas una idea.

Existe un mundo donde su tarea consiste en conservar aquello que otro quiso decir.

Y otro donde puede inventarlo absolutamente todo.

Se ríe. Y asiente.

Cuerpo, mente y espíritu

La conversación deriva inesperadamente hacia otros “courts”. El tenis. Las “pistas de juego”. Los partidos.

Hay otro detalle curioso. Las que aparecen en las pinturas existen realmente.

Julia recuerda la sorpresa de un coleccionista estadounidense al descubrir que una de las obras representaba exactamente el club donde suele jugar.

Le escribió emocionado. La respuesta de Dina fue sencilla. Sí, esa cancha existe. Como sucede en buena parte de su producción, la realidad aparece apenas desplazada. Nunca abandonada del todo.

 Y aparece una pregunta que ni ella misma esperaba.

-“¿Puede ser que el tenis sea tu cuerpo, la restauración tu mente y la pintura tu alma?”

Se queda pensando.

-“Qué interesante… No lo había pensado en esos términos. Ahora que me lo decís…”

La respuesta empieza a construirse en voz alta. Habla del tenis como un deseo de muchos años. De ese espacio donde puede olvidarse de todo y simplemente jugar.

Habla de la restauración como un trabajo donde la parte racional ocupa un lugar importante.

“Hay una responsabilidad. Estás tratando de respetar lo que el otro quiso decir.”

Y entonces aparece la pintura. Ese lugar donde las reglas desaparecen. Donde puede transformarse. Inventar. Mover las piezas. Crear nuevas historias.

Mientras la escucho, pienso que sus obras funcionan exactamente así. No buscan restaurar el mundo. Buscan imaginar otras posibilidades para él.

Entonces aparece una confesión que parece unir todos sus mundos. Dina no llegó a la restauración antes que a la pintura. Llegó después. Primero fue artista y luego restauradora. Pero ambos oficios terminaron contaminándose. De hecho, existe una serie que no está presente en esta exposición y que funciona casi como el punto de encuentro entre ambos universos: compra antiguas pinturas de paisajes, muchas veces deterioradas, las restaura y luego las interviene. Son esas obras que uno recuerda en los livings de las abuelas, con marcos dorados y escenas bucólicas.

“Las rescato”.

Y la palabra no es casual. Porque antes de transformarlas, las salva.

La conversación continúa.

Vuelvo a Julia cómo llegó a su obra. Se queda pensando. Y admite algo inesperado.

– “No me acuerdo”. Hace casi veinte años que trabajan juntas. La primera muestra fue en 2007, en el antiguo Hotel Bel Air. Después llegaron otras exhibiciones, ferias y distintos proyectos compartidos.

A veces los vínculos más largos pierden la precisión de los comienzos y se convierten, simplemente, en parte de la vida.

Carabanchel y el arte como acto de amor

La conversación parece terminar, pero Julia todavía guarda una sorpresa. Primero habla de próximas ferias. Después de nuevas muestras. Y, casi como quien comparte un secreto entre amigos, anuncia una primicia.

Casi como una declaración de principios. Julia cuenta que la galería acaba de abrir una sede en Carabanchel, Madrid. El histórico barrio madrileño que en los últimos años se transformó en uno de los grandes polos de producción artística contemporánea de Europa.

No se trata de una aventura individual.

Todo comenzó durante una feria española, entre tapas y conversaciones nocturnas, cuando varias galerías argentinas se encontraron compartiendo una mesa y una pregunta: ¿Qué hacemos acá?.

La respuesta fue inesperadamente simple. Unirse.

Organizar una especie de cooperativa entre galerías argentinas y construir un espacio compartido dentro de Greenhouse, uno de los polos galerísticos de Carabanchel, donde convivirán proyectos de distintos países y cuatro galerías argentinas, dentro del circuito madrileño.

La noticia no resulta casual.

Existe cierta coherencia entre ese desembarco internacional y la propia obra de Dina Kawer. Ambos parecen entender el arte como un espacio de cruces, de desplazamientos y de historias compartidas.

Mientras escucho el anuncio, pienso que quizás las galerías también tengan algo de esos mundos oníricos que construye la artista.

Lugares donde distintas personas, distintos tiempos y distintas geografías terminan encontrándose.

Porque también habla de construir mundos posibles.

La apuesta de Julia parece ser la misma que atraviesa su trabajo cotidiano: acompañar artistas con lenguajes propios y permitir que sus universos encuentren nuevos públicos.

La galerista deja de hablar de ferias, mercados y exposiciones. Y dice algo que me queda resonando durante la tarde.

-“Todos los que estamos en el mundo del arte hacemos esto por amor”.

Y no habla solamente de los artistas. Habla de los galeristas. De los coleccionistas. De quienes compran una obra. De quienes la venden.

De quienes sostienen espacios culturales en tiempos donde las planillas de Excel suelen ser bastante menos románticas.

Cuenta que tiene una granja y que los días difíciles amenaza con abandonar el arte para dedicarse a vender huevos y criar pollos. Se ríe.

Pero enseguida encuentra respuesta.

-“Después pienso que no podría hacerlo. Porque amamos esto.”

La frase parece sencilla. Sin embargo, quizás explique buena parte del ecosistema artístico contemporáneo argentino.

Hay negocios más fáciles. Hay inversiones más seguras.

Hay caminos más previsibles. Y aun así, todos los involucrados siguen apostando.

Como jugadores compulsivos.

Ganando.

Perdiendo.

Volviendo a empezar.

Por amor al arte. Literalmente.

El partido más importante nunca se gana

Antes de despedirnos le hago a Dina una última pregunta, casi como quien juega un último punto de un partido de tenis…

-“¿Cuál fue tu match point en el arte?”

Espero como respuesta una gran exposición. Una venta importante. Algún premio.

La respuesta tarda unos segundos. Y me sorprende.

No habla de éxitos, ni premios, ni de ventas, ni de reconocimientos. Habla del proceso. Del aprendizaje. De la evolución.  Del crecimiento pictórico en cada obra.

“Mi match point es sentir esa evolución. Poder transformarme sin quedarme apegada a nada.”

Le pregunto si eso no implica cambiar constantemente de identidad. Me responde que sí. Que implica buscar más frescura, más espontaneidad y la posibilidad de transformarse sin quedarse aferrada a ninguna identidad fija.

“He cambiado mucho”, dice.

Que muchas veces eso hace que no la elijan en concursos o que el público no reconozca inmediatamente su trabajo.

Y sonríe. “Nunca me importa.” Y la frase me queda resonando.

Mientras abandono la galería vuelvo a mirar una de sus “canchas de tenis”.

Pienso que quizás el verdadero partido nunca sea contra un rival. Quizás sea contra la propia repetición. Contra el miedo a cambiar. Contra la tentación de quedarse quieto.

Y Dina Kawer parece haber encontrado una respuesta: seguir jugando. Seguir aprendiendo. Seguir transformándose.

Porque el partido más importante no parece ser el que se gana.

Parece ser el que todavía se está jugando.

Registro de Visita: Gabriel Altamirano

Fotografías de sala: Gentileza Prensa Vanesa Catellani para Arte conectados

Para seguir leyendo más noticias del mundo del arte, visitá la sección Noticias.

🔥 Si te interesó, no dejes de compartir este artículo:

Más Noticias:

películas de arte
películas de arte
Convocatorias para artistas 2026

Otras Noticias 🔥