El 5 de abril se presenta en el Coliseo el cubano, que cumple más de medio siglo con la música, cultivando un amplio espectro de géneros. 

Pablo Milanés es un amante de los thrillers. Mientras conversa por teléfono desde Madrid, donde está terminando la gira musical “Esencia” por España, dice que profesa un “íntimo fervor” por la literatura negra. Los últimos libros que leyó fueron de novelistas argentinos: Los crímenes de Alicia, de Guillermo Martínez, y uno de Claudia Piñeiro que no recuerda.

“Me encantó el de Alicia, es original. Se suele subestimar al noir pero no es solamente contar con detalle un crimen sino narrar desde la pura literatura, y eso es lo que pasa con Dashiell Hammett, Raymond Chandler y con el irlandés John Banville, que merece todos los premios, es impresionante. Por supuesto, nuestro narrador ilustre en Cuba es Leonardo Padura, y hoy por hoy los mejores thrillers vienen de Suecia y Alemania, con novelas complejísimas”, dice como si por un momento jugara a ser crítico literario, en tono cálido desde el living de su casa.

Milanés vive hace quince años entre La Habana y España desde que conoció a su última esposa Nancy Pérez, una historiadora gallega que en 2014 le llegó a donar un riñón para un trasplante. La salud del cubano ha preocupado a sus fans en el último tiempo y él se ríe de las 27 operaciones que ya tiene su cuerpo. “Tengo 76 años, y gracias a los cuidados físicos, me siento mejor que nunca. Pasé por todas y ahora estoy fantástico”.

Su voz se escucha portentosa y, aunque no llegue a los notables registros de ataño, el propio cantante parece sorprenderse de cómo suena. “A veces tengo recaídas, depende de la enfermedad que tenga, pero mi voz está íntegra. Y no es una frase hecha ni una promoción de mi gira. Los argentinos, que son el público más sensible y culto que conozco, lo podrán comprobar”.

A fines de marzo tocará con su compatriota Carlos Varela en Miami, donde volverá a tener en sus manos una guitarra. Algo que no sucede hace una década desde que le diagnosticaron el Mal de Dupuytrén, una enfermedad que provoca el cierre progresivo de la mano. Luego de esos conciertos, viajará a la Argentina para dos shows de su espectáculo “Esencia”: el 5 de abril en el Teatro Coliseo de Capital Federal y, al día siguiente, en el Teatro Mercedes Sosa de Tucumán. “Amo la Argentina, tengo muchos amigos, como Fito Páez, que hace poco vino a Madrid y comimos juntos. A Charly hace rato que no lo trato, pero lo quiero mucho, él es más escurridizo”.

–“Esencia” es un show que lleva más de un año de gira. ¿Cómo lo definirías?

–Es un recorrido por temas que han quedado en el anonimato pero que son bonitos, como “Hay”, “Días de gloria” o “Nostalgias”, y también un repaso por mi carrera, donde por supuesto están las canciones más conocidas, que es un misterio cómo han triunfado, porque en algunos casos las compuse de apuro o de relleno. Entonces es una suerte de síntesis con una formación de cámara, que es un trío compuesto por Miguel Núñez (piano), Osmani Sánchez Barzaga (percusión) y Sergio Félix Raveiro (bajo). Ellos tocan hace más de treinta años conmigo, y el sonido mixto que logramos parte de los estilos y géneros que me representan, como el feeling, la rumba, el bolero, el son, la salsa….

–Estás por presentar dos discos, ¿en qué consisten?

–Son proyectos que deseaba concretar con el alma. Un disco es de standars de jazz estadounidenses, lo grabé con un trío donde está Rolando Luna, que es un pianista bestial cubano. Los jazzistas cubanos son increíbles, Chucho Valdés, Gonzalo Rubalcaba. Siento que ese proyecto es una meta de muchos cantantes que hablan inglés, pero no es común en latinos, antes de la Nueva Trova empecé cantando jazz y luego llevé esa interpretación hacia el feeling. Y el otro es un álbum de versiones de mis temas en estilo salsa, con invitados de lujo, que será una especie de Pablo Querido capítulo II. Quiero decir que el nombre “Esencia” de nuestro show es algo engañoso, en realidad mi esencia es contradictoria en todos los sentidos –se ríe–, hay universos distintos que conviven.

–¿Qué le falta hacer en su carrera?

–Uh…muchas cosas. Quiero meterme en el género de la rumba cubana, que es algo maravilloso, un conglomerado de ritmos donde están el guaguancó, el yambú, la columbia. Pero el desafío es enfocarme en el presente y en seguir regalándole a la gente mis canciones. Lo que más me emociona es cantar frente al público, y los discos son la excusa para seguir en movimiento.

Hay dos temas que el cubano esquiva con intransigencia: su relación con Silvio Rodríguez –“prefiero pasar de pregunta”– y la política. Los describe como “tabú” y prolonga un largo silencio. “Hace años que no hablo de política ni con mis amigos. Y es mejor, me hacía mal a la salud. Me interesa conversar de arte, de fútbol, de comidas. Me siento más tranquilo, incluso más divertido. La política está demasiado sucia”.

Dice que, con los años, su vida se volvió rutinaria. Después de desayunar suele estudiar música un rato, lee los diarios, navega por Internet y disfruta de su familia. Luego se encuentra con sus músicos y ensaya, pero solo cuando resulta estrictamente necesario. Aprendió a cultivar el tiempo libre y dice que descansa mejor que antes.

–¿Suele escuchar música?

–Escucho poco, ahora me gusta más leer un libro o jugar al dominó con mis amigos. Pero vuelvo a los clásicos, a la música barroca, al jazz, Bach, Chick Corea, Keith Jarrett. Mi vida es la cotidianidad de un hombre medio. Eso sí, no perdí exigencia y trabajo mucho, estamos horas buscando el mejor arreglo.

–¿Qué cantantes lo emocionan?

–Mercedes Sosa. Es la voz más hermosa, hay miles buenos en lo suyo aunque no habrá nunca nadie como ella. No solamente por ese caudal capaz de romper todos los esquemas sino porque se animó a cantar en todo tipo de géneros y lo hizo de modo excepcional. Hay que tener ese coraje y ese espíritu. Hoy se ha perdido alma y calidad en la música actual.

–¿En qué sentido?

–Hay un retroceso extraordinario en la calidad, hay poca poesía, poca sofisticación, poca espiritualidad. Cualquier cosa se acepta como una cosa buena. En Cuba me suelo juntar con las nuevas generaciones, hay un notable movimiento, pero a su vez los jóvenes escuchan música decadente, no estamos alejados de lo que predomina en la industria musical donde las transnacional fabrican ese tipo de artistas que conceden su singularidad. Creo que es una fase histórica y hay que esperar que pase, no queda otra. Porque el arte y la cultura van acorde con los movimientos de la sociedad y hay una tendencia hacia lo peor. Tenemos que despertar una nueva sensibilidad.

Milanés acaba de superar medio siglo de trayectoria artística, con más de 40 producciones discográficas en solitario y decenas de colaboraciones con músicos de todo el mundo. Y la última noticia que recibió es que está en la lista de los que aspiran a entrar al Salón de la Fama de Compositores Latinos. “En realidad, cumplí 70 años de carrera”, corrige, desde el otro lado del teléfono.

–¿Cómo es eso?

–Claro, empecé de muy pequeño a cantar en Bayamo, el pueblo donde nací. Mi madre me llevaba a los concursos de la radio y de la televisión y siempre ganaba. Entonces mudó a toda mi familia para La Habana, para que inicie allí mi carrera de cantante. Mi primer disco se lo dediqué a ella. Puse: “A mi madre, que me obligaba a cantar”. Fue una especie de agradecimiento pero también de reproche, porque perdí la niñez por mi dedicación a la música.

FUENTE: Revista Ñ