Noche y corazón – Sofía Viola en Morán

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Fluoresce. Como el fuego fatuo en noche sin luna a campo traviesa. Fluoresce. Silencia a la multitud con su sola presencia, la desnuda. Fluoresce, un tocado de uvas contiene su mente creativa e infinita. Sofía Viola se sube al escenario de Morán y el tiempo se detiene.

Reina de la rima, poeta de la raíz a la punta, alma vagabunda y gitana con tanto pigmento latinoamericano que es difícil trazarle un origen definido. Corrió la rudeza de la R y de la CH y de la LL y ahora su caudal de voz nos arrastra como si naufragáramos en el Titicaca hasta llegar y cruzar los Andes, escalarlo y soltar el grito desde lo más alto. Ella lo hace, encendida en un baile ritual al que invita con Júbilo. Ella, con una criolla, un charango o un pandero. Eso es todo. Y sobra fiesta.

La mayoría son inéditas, esta trovadora no detiene su fluir creativo. Deleita en plan dúo junto a Santiago Moraes, con quien comparte una trayectoria de dúo cantina. Invita a Mex Urtizberea, que acompaña desde el teclado y desde una historia Sofía a los 12. Momento útero fuerza primitiva y tal cual si fueran dos brujas trasandinas, junto a Camila Vaccaro resucitan a Violeta y deleitan con repertorio propio. La fuerza indomable de la sangre latina. Estallan los relojes en un canto atemporal que pone piel de gallina.

Final nunca buscado pero debidamente anunciado, la guitarra en alto desciende del escenario, atraviesa la marea y llega a las manos de Ezequiel Borra, otro cantor de la luz, con quien terminan de borrar cualquier límite geográfico interpretando “Al mismo tiempo”. Agradecer a Wiracocha el milagro de presenciar un canto fatuo que deja las alas abiertas para respirar el alba.

Crónica: Lupe Gambina

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