✒️ Por Gastón Fournier
Con 56 galerías y 16.000 visitantes, la 22.ª edición de Pinta BAphoto cerró en La Rural con una selección curatorial sólida, una puesta impecable y la fotografía expandida como eje.
Una feria que encontró su escala sin resignar ambición.
Irene Gelfman quería llamarla una feria boutique. Después de recorrer Pinta BAphoto, la definición tiene sentido, siempre que no se confunda boutique con petit. La escala es amable; la selección, exigente. Y la puesta tiene ese chic que no depende de sumar metros ni de multiplicar estímulos, sino de saber qué mostrar, cómo hacerlo y cuánto espacio necesita cada propuesta para respirar.

Del 22 al 25 de octubre, el Pabellón 8 de La Rural reunió a 56 galerías y recibió a 16.000 visitantes en la 22.ª edición de la feria, dedicada a la fotografía. Esta edición se sumó a la celebración de los 200 años de la fotografía. El balance difundido por la organización destacó las ventas, las adquisiciones institucionales y el interés de nuevos coleccionistas. Son cifras importantes para una feria especializada, aunque no alcanzan por sí solas para explicar qué la distingue.
La respuesta aparece en el recorrido. La panelería estaba impecable, la iluminación acompañaba las obras sin competir con ellas y los dispositivos curatoriales ayudaban a ordenar una oferta diversa. No es un detalle menor: en una feria, donde conviven propuestas, lenguajes y escalas muy diferentes, el montaje puede ser un aliado de la mirada o una carrera de obstáculos. En Pinta, en general, se notaba que alguien había pensado cómo quería que viéramos.

La dirección artística de Gelfman, en su cuarta edición al frente de la feria, articuló ocho secciones y proyectos que conectaron referentes históricos, artistas contemporáneos y nuevas formas de producir y exhibir imágenes. NEXT dio espacio a propuestas emergentes; RADAR, curada por Mercedes Claus, exploró prácticas que desbordan los límites tradicionales de la fotografía; ATLAS puso en circulación fotolibros y publicaciones experimentales. El conjunto evitó que la especialización se convirtiera en una frontera.

En RADAR, Claus propuso un diálogo entre artistas de distintas generaciones que utilizan la fotografía para explorar espacios, identidades y zonas de incertidumbre. La selección abrió la posibilidad de pensar la imagen más allá de su aparente transparencia, con procedimientos y técnicas que ponen en tensión las formas habituales de representar lo urbano, la arquitectura, el género y el paisaje. La fotografía no aparecía allí como una categoría cerrada, sino como una manera de cuestionar.
Por su parte, NEXT, bajo la curaduría de Facundo Belén y Virginia Martín, tuvo una identidad visual y conceptual que merece destacarse. Ambos lograron darle una mirada cool a la selección de obras sin convertir la frescura en una pose. La propuesta reunía artistas y espacios emergentes con una sensibilidad contemporánea, atenta a nuevas formas de producir imágenes y de relacionarse con el mundo. El resultado tenía ritmo, personalidad y una coherencia que hacía del recorrido algo más que una sucesión de stands, generaban que uno se detenga. Como ellos, su sección tuvo imán. Un gran trabajo curatorial, especialmente por la manera de construir una selección joven sin volverla previsible.
La fotografía, fuera del marco
La fotografía expandida fue uno de los ejes de esta edición y una de las claves para entender el alcance de la propuesta. La imagen ya no se limita necesariamente a una copia enmarcada: puede cruzarse con el video, la instalación, la edición, la performance y otras formas de producción visual. La feria abrió espacio para esas relaciones sin perder de vista su centro.
El proyecto especial Clown travesti literario. Reconstruyendo a Batato, con curaduría de Gelfman, fue una de las experiencias que mejor mostraron ese cruce. La aproximación al universo creativo de Batato Barea, figura fundamental del under porteño de la posdictadura, permitía descubrir materiales y registros de una práctica que excedía cualquier definición disciplinar. Había obra, documentos y rastros de una vida artística que todavía tiene mucho para contar. También resultaba revelador advertir que varias galerías ya conservaban archivos vinculados con su producción: un indicio del trabajo de preservación y circulación que existe detrás de lo que finalmente llega a una feria, en formato de sala museografica.

El programa se completó con 2001MDQ2026, dedicado a Alberto Goldenstein; Proceso Brujo, homenaje a la fotógrafa panameña Sandra Eleta; e Imágenes Latentes, curada por Sol Echevarría, que abordó las transformaciones de la imagen en la era digital. A esto se sumó un FORO con más de 59 oradores, diez charlas y siete presentaciones de libros. La fotografía fue pensada desde el archivo, el cuerpo, la tecnología, la edición y el coleccionismo, sin quedar reducida a una conversación entre especialistas.
En Imágenes Latentes, el trabajo de Echevarría merece una mención aparte. Detrás de la exposición y del libro que le dio origen hubo una tarea de investigación y gestión considerable: reunir las obras, articular las imágenes y construir un diálogo entre artistas de trayectorias y lenguajes diferentes. La selección incluyó nombres como Rosana Simonassi, Ananké Asseff, Nicola Costantino, Natacha Voliakovsky, Lucía von Sprecher, La Chola Poblete, El Pelele, Mauro Guzmán, Flavia Da Rin, Lux Valladolid, Alejandro Spano y Marisa Rubio. No se trataba solamente de reunir fotografías, sino de ponerlas en relación a partir de una pregunta compartida sobre el cuerpo, la representación y las transformaciones de la imagen en la era digital.

La propuesta ganó otra dimensión con la presencia de artistas y sus intervenciones en las conversaciones de la feria. La Chola Poblete, entre esas voces, permitió que el proyecto trascendiera la exhibición y el libro para convertirse también en un espacio de intercambio. El archivo visual, las obras y las reflexiones de sus protagonistas construían distintas entradas a una misma investigación. Allí se veía con claridad el valor de una curaduría que no termina cuando se cuelga la última fotografía: también consiste en generar las condiciones para que las imágenes sigan hablando, literalmente.
Una feria también se mide en sus detalles
La calidad de una feria no depende exclusivamente de las obras que exhibe. También se reconoce en la infraestructura que las sostiene, en la atención al visitante y en la manera en que sus aliados participan de la experiencia. En esta edición, los patrocinadores y colaboradores acompañaron el encuentro sin desplazar el foco de la propuesta artística.
Entre las propuestas que ampliaron el recorrido estuvo ComprArte, la iniciativa de Arte Online presentada en Pinta BAphoto, que reunió obras y objetos para su comercialización. La propuesta sumó otra vía de circulación para las producciones artísticas y los objetos de diseño dentro de la feria.

En el espacio de Arte Online, bajo la dirección de Marcela Costa Peuser, se reunieron artistas de distintas generaciones y procedencias, en un recorrido que vinculó trayectorias y lenguajes diversos. Esa convivencia aportaba otra perspectiva sobre la circulación de la fotografía y su diálogo con diferentes formas de producción artística.
Pero la experiencia de una feria no se juega únicamente en la sala de exposición. También sucede en los pasillos, en los accesos y en esa trama de información que tiene que funcionar para que todos puedan hacer su trabajo. Y allí apareció una pequeña coreografía de la vida ferial: el QR para el canapé, el de la red carpet de las 15, el VIP de las 18, la entrada general; las gacetillas que no llegaban, los códigos que se replicaban. La tecnología, pensada para simplificar, por momentos parecía haber inaugurado su propia sección experimental.
En medio de esos idas y vueltas, la amabilidad de Josefina Piacenza hizo la diferencia. Con predisposición y trato cercano, logró darle escala humana a un flujo de información que amenazaba con perderse entre acreditaciones, horarios y códigos. Un gesto sencillo, pero revelador: detrás de la organización de un evento de estas dimensiones también hay personas que consiguen ordenar el caos sin sumar ruido. Y eso, en una feria que cuida tanto la experiencia del visitante, merece ser contado.
Cuando la feria también deja resultados
El balance incluyó incorporaciones concretas a colecciones públicas y privadas. El Museo de Arte Moderno de Buenos Aires sumó cuatro fotografías contemporáneas a su colección: dos obras de Dagurke, presentadas por María Wonda, y dos de Miguel Mitlag, exhibidas por Gachi Prieto Arte Contemporáneo. La Colección Oxenford adquirió una obra de Cecilia Szalkowicz en La Mesa, mientras que el Premio In Situ distinguió a Juan Gabriel Miño, de Moria Galería, y a Dagurke, de María Wonda. La Beca Pinta BAphoto fue otorgada a Oficina de Proyectos por su presentación de The Walking Conurban.

Estas incorporaciones importan porque muestran que la feria no se agota en el encuentro entre una obra y un posible comprador. También puede facilitar el ingreso de producciones contemporáneas a colecciones públicas y privadas, y dar visibilidad a artistas y proyectos que buscan ampliar su circulación.
Al cierre, Pinta BAphoto deja una impresión precisa: la de una feria que conoce su escala y trabaja sobre ella con ambición. Boutique, sí; pequeña, no. Chic, por la atención puesta en la experiencia y en la presentación de las obras, no por una decoración de lujo. Su fortaleza estuvo en la selección, en la estructura curatorial y en la posibilidad de acercar distintas generaciones y formas de entender la fotografía en un recorrido coherente.
Pero las cifras, los premios y el montaje cuentan solo una parte. En medio de los encuentros, las conversaciones y el movimiento propio de un preopening, algunas imágenes consiguieron algo menos mensurable y bastante más difícil de conseguir: interrumpir el recorrido y despertar una emoción. Son esas obras -y lo que provocaron- las que merecen una segunda nota. (Leer: siguiente nota)

BONUS | La mirada de nuestro fotógrafo
Una imagen de regalo de nuestro fotógrafo cronista, para seguir recorriendo Pinta BAphoto a través de su lente.
Registro fotográfico: Gabriel Altamirano
Fotos de Prensa: Gentileza Maria Laura Lucini Monti



