A través del canal de YouTube de Otra Historia Club Cultural, se realizó el festival solidario MÁS PLACER POR FAVOR!. En esta primera edición tocó la banda Gente Conversando. Aquí va una pequeña crónica pretensiosa del regreso de la felicidad.

Más Placer Por Favor, un pibe baila solo en el living.

Llueve, es un día “x”, como todos los días. Estoy en una oficina iluminada con el reflejo de las nubes grises que entra por un ventanal gigante, viendo cómo la gente camina por Diagonal Norte. Gente robot que va a sus trabajos esenciales, en oficinas cárceles. Mi hermana está tratando de que 40 ciberpendejos, que hoy no son más que avatars que se congelan cuando hablan, aprendan literatura. Mi hermano desayuna leyendo bíblicamente los correos de su ciberjefe que ya no huele mal, pero que embutido en ese cuadradito de hangouts se deforma sobremanera. Es un día “x”, como todos los días. Quiero que eso quede claro. Repito, entonces, repito, para que quede claro.

Este texto (Cronicacoberturacatarsis) va a salir cuando Zuckerberg nos perdone por haber hecho algunos jueguitos ilegales y nos deje usar el IG. Pero eso no importa. El cuando es un lujo que no puedo ni quiero pagar. Cuando es cuando pinte, cuando tengas ganas, cuando ya no tengas otra cosa que hacer más que leer a este pibite melancólico, reaccionariamente melancólico, que fue feliz, un viernes a la noche, como antes. 

más placer por favor


Pero eso fue después,
después de Paez dando pena,
de festivales tristes,
de mil cantautores
en sus livings,
cantando,
para un alguien.

Después del sonido a lata,
de la mala calidad,
de la imagen del family game,
guitarras en 8 bits.
Nada.
Eso.
Nada.


Y sin embargo, un viernes fui feliz.

“Más Placer Por Favor”, es la joyita a seguir. Derivado directo de la “Placeres Desconocidos” (A.K.A la mejor party del barrio, por escándalo) Ellos se presentan como un “festival solidario”. Solidario es, pero lejos está de ser un festival. La idea es recaudar alguito de plata para que espacios importantísimos como Otra Historia Club Cultural, puedan seguir abiertos. Si usted no conoce OH, hágase el favor y póngase un cartel en la puerta de su casa que le recuerde la obligatoriedad de ir a esta casalaberintoparaiso cuando nos dejen bailar en grupo. Le repito: es importantísimo.

Volviendo, decir que Más Palcer es un festival es como decir que la muzza con faina recién sacada del horno en Pirilo es una pizzita más. Un desmerecimiento digno de una pelea a facón limpio en la época del gaucho Fierro, o en los cuentos de cuchilleros que tanto le gustaban al muy poco amigo de la calle Jorge Luis. Una barbaridad, un desprecio. Así que me niego rotundamente a llamar “festival” a este algo, este nuevo algo, que mezcla el cine trash, el buen gusto clase b, la estética caótica, el cuidado de la imagen y el sonido, que me llena de esperanzas. Esto es otra cosa, esto es cine de pandemia, esto es, al fin, estética trabajada. Y a nadie le queda tan bien este vestido como a  Gente Conversando.

(Sepa usted, que la gente de la Placeres es la misma que filmó “Un tigre arriba de la mesa”, un genial documental sobre un embalsamador. Mirarlo. Repito. Mirarlo).

Es que Gente Conversando es un poco de todo eso: caos, desfachatez, violencia, ruptura, pero bonita, pensada.

Eso, pensada. Se piensa. Todo está sumamente calculado. Se piensa que se va a improvisar, se improvisa pensando. Se arriesgan a jugar con Diese y sus mil cien variantes teatrales, sus referencias a Urdapilleta, su tono under de los 80, su exquisita expresividad, su teatro de otra época, o del futuro. Saben que Diese se piensa a sí mismo. Masse se levanta pensando, colecciona frases de charlas de borracho, imágenes en su cabeza. Piensa, todo el tiempo piensa, en Gente Conversando. Piensan en cambiar y cambian, sin miedo. Es prueba y error, mil versiones, hasta que sale una del cerebro colectivo y cierra el concepto. Piensan las visuales y el vestuario. Piensan la escena, el show como un todo. Hay gente, mucha gente, en el entorno conversero que los piensa. Son sujetos pensados, pero sujetos pensantes en palabras de Adorno (y acá me fui a la re mierda de snob)Eso, en épocas de caras tatuadas, es contracultural. 

Pero, volviendo a la felicidad.

Ese viernes fui feliz
en un chat
larguísimo,
esperando,
leyendo,
“a este lo conozco
a ella también”.
Pertenecemos,
toditos, todes,
pertenecemos
al entorno conversero.

Y ahí estabamos, los que los pensamos, los que los bailamos, bailando, sin negociar la calidad, sin negociar el buen gusto, cada uno por su lado, bailando, en la mejor fiesta, con la mejor banda.Fui feliz, un viernes a la noche, como antes.

(La crítica a las canciones nuevas te las debo para cuando las podamos charlar con un tinto).

N López.