Una casa llena de agua: una obra que se adentra en los desafíos y fantasías de una joven mujer  

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Por Candelaria Penido. IG: @candepenido

Vuelve a los escenarios Una casa llena de agua, la primera producción teatral de Tamara Tenenbaum, estrenada en 2021.

En su cuarta temporada se presenta todos los viernes a las 21 h en la sala Caras y Caretas (Sarmiento 2037). El trabajo del power trío que la compone —Tenenbaum en el guíon, Violeta Urtizberea en la actuación y Andrea Garrote en dirección—, logra llevar a escena un unipersonal conmovedor, intenso y muy actual. 

De la mano de Milena, estudiante de biología y niñera en una casa de clase alta de los 90, vamos descubriendo quién quiere y puede ser en esta vida que le tocó, mientras nos adentramos en el relato de sus avatares, miedos y fantasías.

Una casa llena de agua 1

Milena le habla, juega y cuida a Angie, una bebé incorpórea cuya presencia se siente en escena mas no vemos. Recurso interesante que permite que la actriz, en tono confesional, nos cuente su vida. Angie es el receptáculo del fluir de su conciencia, es esa amiga silenciosa que está para escuchar esas cosas y secretos que necesita vaciar. Como un diario íntimo Angie le permite fluctuar entre distintos universos. La oscilación entre clases sociales, entre deseos y realidades, entre el agua y la tierra, entre climas dramáticos, nos lleva por el proceso de crecimiento y maduración de la protagonista. “Quizás la obra trata sobre todo de eso: de su inestabilidad, de su ser acuoso, de la voz y la subjetividad que va encontrando en ese desajuste permanente” dijo la autora.

El ser mujer: la construcción de su identidad y el desarrollo de su espíritu como tal, atraviesa toda la obra. El abanico de posibilidades de las que el personaje principal puede elegir se ve afectado por su género así como también las decisiones que toma o deja de tomar “ni lo pensé ni lo decidí, no sé pasó” dice al contarle a Angie cómo se puso de novia. El ser mujer viene aparejado a responsabilidades diferentes a las del hombre. “Es una mujer: no tiene pasado ni futuro y tiene que salvar al mundo sin armas”, reflexiona la protagonista. Y al hacerlo se afirma como una: esa persona que debe actuar sin tiempo y sin pólvora.  

Los recursos escenográficos se destacan en la creación de los diferentes mundos. Por un lado, tenemos el cuarto de una niña noventosa en tonos rosados y blancos, repleto de peluches y ropa y compota de manzana. Por el otro, en las transiciones entre escenas, gracias a un juego de luces, aparece la magia y nos transporta hacia el fondo del océano. Ese lugar que para Milena es tan preciado y a la vez despierta cierto temor. Este mundo —en paralelo con otros—, que es tan real como cualquiera, mas demasiado lejano como para poder acceder realmente a él. Lleno de criaturas y monstruos de los que podemos aprender, como lo es el pulpo. Ser que Milena nos enseña: no replica en su evolución lo heredado sino que constantemente se adapta.

La versatilidad de la interpretación de Urtizberea también es digno de mencionar. La actriz que nunca antes había realizado un monólogo, logra sorprender con el juego de voces, tonos y movimientos. Es a partir de su interpretación que lo que podría ser estático: una sola voz, una única persona en escena, un mismo cuarto como espacio que aloja la acción, se vuelve dinámico. Violeta no solo habla con su cuerpo, sino que nos regala el ritmo ideal para atravesar las emociones y desilusiones de su personaje; a la vez que el relato va fluctuando entre el humor y el dramatismo.

A lo largo de la obra Tenenbaum va dejando pistas, anticipa eso que podría llegar a pasar. Nos acerca a La Sirenita, ese cuento en donde —Milena enfatiza—, la princesa deja todo por el príncipe y su mundo, cuando en verdad “todo es tan lindo bajo el agua.” Nos cuenta también, cómo la protagonista vivió el caer de improvisto al agua. El verse rodeada de un azul que encandila pero al mismo tiempo duele. El miedo de ese instante previo en que se tiene la certeza de que todo va a salir mal y ya nada se podrá rehacer.

Una casa llena de agua es un unipersonal sensible que presenta los miedos propios de una mujer joven de clase media. Descorre el velo y acerca preguntas más que respuestas. Es la misma obra la que brindándonos una sensación de intimidad, crece junto al personaje protagónico. Es decir que así como la vida misma, eso que empieza light va mutando y tomando un cariz más oscuro y pesado.

La pieza (y Milena), aun así, logra poner un alto a la inercia. Esa en donde el rol de la mujer está dado por sentado, esa en que no se cuestiona y simplemente se avanza con lo establecido.

Ficha técnica

Autoría: Tamara Tenenbaum
Actuación: Violeta Urtizberea
Diseño de escenografía e iluminación: Santiago Badillo
Diseño de vestuario: Lara Sol Gaudini
Diseño sonoro y música original: Federico Marquestó
Asistente de escenografía: Lara Stilstein
Asistente de vestuario: Victoria Bianchi Plaza
Asistente de iluminación: Lucía Feijoo
Asistente de producción: Loli Crivocapich
Asistencia de dirección: Pablo Cusenza, Mercedes Aranda
Fotografía: Nora Lezano
Producción ejecutiva: Carolina Castro
Producción general: Compañía Teatro Futuro
Dirección: Andrea Garrote

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