Arte Pequeño Formato: las galerías donde decidí detenerme

Artistas, Ferias, Galerías, Noticias

✒️ Por Gastón Fournier

Un recorrido personal por algunos de los espacios que lograron bajar el ritmo de la feria y demostrar que el pequeño formato puede contener universos enteros.

Esta selección no pretende establecer premios ni jerarquías. Simplemente reúne algunas de los espacios que lograron detener mi recorrido, porque de eso también se trata una feria. De descubrir aquello que nos obliga a bajar el ritmo.

Siempre me interesa llegar temprano a las ferias. Hay algo en los primeros minutos que todavía no está contaminado por el ruido. Los galeristas acomodan pequeños detalles.

Los artistas miran de reojo sus propias obras. Y el público todavía no decidió qué le gusta. Yo tampoco. Es el mejor momento para perderse. Y así, casi sin plan previo, algunos stands empezaron a detener mi recorrido, en Arte Pequeño Formato 2026

Aura: Pequeñas historias que construyen afectos.

Uno de los primeros espacios donde decidí detenerme fue Aura Gallery. Quizás porque, en una feria atravesada por la velocidad de la mirada, su propuesta parecía pedir exactamente lo contrario: tiempo.

Agustina Roca eligió presentar a Germán Wendel, artista cordobés radicado hace años en Buenos Aires, cuya pintura conserva intacto el imaginario de su infancia en Villa Reducción, un pequeño pueblo del sur de Córdoba.

“Hay algo de los cuentos, de la literatura y de cuando era muy chico que persiste en la obra”, explica.

La descripción resulta precisa. En sus pequeñas superficies aparecen animales con gestos humanos, escenas cargadas de humor y una sutileza política que nunca termina de imponerse, sino que se filtra silenciosamente entre paisajes rurales y personajes improbables.

Mientras observo las obras, pienso que Agustina encuentra una definición perfecta para su producción: “Tiene una gracia para llevar adelante pequeñas historias, que son como cuentos.”

Allí radica buena parte del encanto de Wendel. Hay algo de ilustración clásica, de memoria afectiva y de territorio onírico. Las veladuras del óleo construyen una luz extraña, suspendida, donde la escena nunca termina de pertenecer del todo a la realidad.

La propuesta se completa con la participación de Abril Benítez, artista invitada especialmente para la feria, quien presenta pequeñas pinturas al óleo sobre paspartú que parecen delicadas joyas contemporáneas.

“Haciéndole caso a la feria”, dice Agus entre risas.

La frase queda resonando. Porque Pequeño Formato no parece tratar solamente sobre dimensiones reducidas. También propone un ejercicio de síntesis, donde cada obra debe encontrar una intensidad capaz de sostenerse en una escala íntima.

Es la primera participación de Aura en la feria y las expectativas son altas: “Siento que está muy bien organizada. Me pareció una linda apuesta y una linda propuesta.”

La decisión de participar surgió casi naturalmente, impulsada por el entusiasmo compartido entre colegas de Meridiano. “Efecto dominó”, resume.

Y mientras continúo el recorrido, me queda la sensación de que Aura entendió rápidamente el espíritu de la feria: demostrar que una pequeña superficie puede contener un universo entero.

Blanqo: el arte de detenerse

Uno de los recorridos más interesantes de la feria es el que propone Blanqo Arte Contemporáneo, donde artistas históricos y contemporáneos encuentran un diálogo natural dentro del pequeño formato.

La selección reúne nombres fundamentales como Liliana Porter, Marie Orensanz y Luis Tomasello junto a una nueva generación de artistas. Sobre Orensanz, inevitablemente aparece uno de sus conceptos más célebres: “El ambiente condiciona a la gente”, una frase que sigue resonando dentro y fuera del campo artístico.

La propuesta continúa con las cianotipias de Victoria Lauría, las pinturas de Malena Casá y los delicados collages de Andrea Fernández, construidos a partir de pequeños recortes de papel que terminan formando diminutas arquitecturas.

Frente a una de sus obras me detengo unos segundos.

“Si uno no presta atención, no llega a ver todo el trabajo que tienen”.

La respuesta llega inmediata: “Esto es para observar. Es para detenerse y observar.”

Quizás esa haya sido una de las mejores definiciones de toda la feria. Pequeño Formato parece proponer exactamente eso: bajar el ritmo, acercarse y descubrir que una obra pequeña puede contener un universo entero.

Antes de seguir camino, hago una pequeña apuesta personal frente a una de las piezas.

“Mi ojo dice que esas se van a vender”. La respuesta llega entre risas. “Después te cuento”. Y continúo el recorrido.

Las Bauzá: donde el humo también puede construir una galería.

Una de las sorpresas de la feria fue encontrar a Las Bauzá en pleno proceso de crecimiento, de Flor y Belén Bauzá. Después de su participación en ArteCO (Corrientes), ahora desembarca en Pequeño Formato y ya confirma su presencia en MAPA, mientras prepara la apertura de su espacio físico en el barrio de Núñez.

“Estamos full feria”, resumen entre risas Belén, antes de abrir su espacio físico. La propuesta reúne la abstracción de Alejandro Brave junto a una selección de obras del maestro del arte contemporáneo Pablo Lapadula y los objetos de Andrea Nosetti, quien actualmente se encuentra exhibiendo en Berlín.

Pero el gran momento del recorrido aparece frente a las obras de Lapadula. A primera vista parecen fotografías. No lo son.

El artista trabaja directamente con humo sobre papel, guiando el recorrido del carbón mediante velas hasta construir las imágenes. En otras piezas incorpora acuarela, mientras que sus trabajos históricos combinan grafito y humo. No hay fotografía.

Solo materia suspendida.

La explicación obliga a mirar nuevamente las obras y descubrir un procedimiento casi alquímico detrás de cada superficie.

La propuesta se completa con Andrea Nosetti, acompañando a la galería desde Berlín, y con la expectativa de una inauguración propia prevista para los próximos meses.

La conversación inevitablemente deriva hacia el espíritu de la feria. “El pequeño formato es interesante.”

Y aparece una definición que probablemente resumo como buena parte del fenómeno: “Es el takeaway del arte.”

La idea resulta simple y efectiva: obras que uno puede llevarse, convivir con ellas desde el primer día y comenzar una colección sin grandes barreras de acceso.

Con precios que van desde los 300 hasta los 3.000 dólares, la galería apuesta a nuevos públicos y a nuevas formas de coleccionismo. “Lo importante es que la gente se las pueda llevar, moverlas y disfrutarlas.” agrega la galerista.

Mientras sigo caminando por la feria, pienso que Bauzá parece representar algo más que una nueva galería. Representa una generación que entiende que el mercado del arte también puede construirse desde el movimiento.

Y, paradójicamente, “no venden humo”.

Galería Tiempo: el dorado como hilo conductor

Desde Central Affair y con una participación consolidada en la escena de las ferias, Galería Tiempo llegó a Pequeño Formato con una propuesta colectiva donde distintas disciplinas conviven bajo un mismo lenguaje visual. Maggie Esposito reunió obras de Eugenia Mendoza, Laura Santaniel, Lupe Barceló, María Brezanelo, María Villanueva, Richar de Itatí y Roma Vaquero Díaz.

Lo interesante es que, pese a la diversidad de técnicas, existe un elemento que funciona como puente entre las distintas producciones: el dorado.

Hay serigrafías sobre papel, fotografía en blanco y negro, transferencias fotográficas, dibujos en grafito y carbonilla, joyería contemporánea, objetos grabados al ácido y las delicadas cerámicas de barro de Richar de Itatí. Todo parece dialogar desde pequeños destellos que atraviesan el conjunto.

Uno de los puntos que más llamó mi atención fue el trabajo de Lupe Barceló. Sus pequeños terrarios funcionan como micro universos donde dibujo, objeto y performance se encuentran. La artista, que trabaja alrededor de la relación entre el cuerpo y la tierra, presenta además obras pertenecientes a la serie Huesonemia, donde el grafito y la hoja dorada construyen una atmósfera casi ritual.

Durante la recorrida, Maggie resumió sin proponérselo uno de los grandes aciertos del stand: “La mayoría de nuestros artistas son multidisciplinarios.”

Y esa diversidad se percibe como una virtud más que como una acumulación de lenguajes. Cada pieza parece expandir la anterior.

La galerista participa por primera vez en Pequeño Formato, aunque ya conocía el proyecto desde la edición anterior. “Vine el año pasado y me encantó.”

También destacó algo que varios expositores señalaron durante la feria: “La organización es muy profesional y muy personalizada, algo que hoy es difícil de encontrar.”

Y quizás ahí aparezca uno de los grandes méritos de Pequeño Formato: permitir que galerías jóvenes y proyectos en crecimiento encuentren un espacio donde la cercanía entre artistas, galeristas y público todavía es posible.

Galería Julia Baitalá: pequeñas escalas, múltiples artistas

Hay galerías que aprovechan el pequeño formato para concentrar una única voz. Julia Baitalá decidió hacer exactamente lo contrario: construir un recorrido donde conviven distintas generaciones y lenguajes, desde la geometría hasta la figuración, pasando por la escultura y la escritura convertida en imagen.

La propuesta reúne obras de Iliana Regueiro, Cristina Hauk, Cecilia Soldano, Adri Carambia, Miguel Ángel Lorenzio, Dina Kawer y las pequeñas esculturas cerámicas de Alejandro Elía.

Uno de los hallazgos del stand aparece en las piezas de Adri Carambia. A primera vista parecen composiciones abstractas, pero al acercarse el espectador descubre pequeñas escrituras escondidas entre las capas de la obra. Ese juego entre lectura e imagen obliga a detener el paso, un gesto cada vez más infrecuente en tiempos de consumo acelerado.

La figuración aparece en las obras de Miguel Ángel Lorenzo, mientras que las delicadas miniaturas cerámicas de Alejandro Elía aportan una dimensión aún mas íntima al recorrido.

Durante la charla, se resumió el espíritu de la participación con una frase sencilla:

“Nos gustó la propuesta porque es algo realmente distinto”.

Y quizás allí esté parte del atractivo de Pequeño Formato: una feria donde el tamaño de las obras no limita la diversidad de miradas. Para la galerista, la experiencia es también una apuesta.

“Es la primera vez que participamos y estamos muy contentas y entusiasmadas.”

La expectativa ahora está puesta en el domingo, cuando las conversaciones, las miradas y las ventas terminen de escribir la historia de esta primera participación.

Luogo Galería: los paisajes que elegimos conservar

Hay stands que funcionan como una selección de obras y otros que parecen una pequeña conversación. El de Luogo Galería, de Rafaela, Santa Fe, pertenece a esta segunda categoría.

Mientras Sofía Culzoni presenta el espacio, encuentra una definición que resume perfectamente el conjunto: “Es un recorte de paisajes personales.”

Y la frase funciona. Porque las obras de German González Hall, Lourdes Tomaghelli y Lucila Paladino parecen hablar, cada una a su manera, de aquello que las personas intentan preservar del paso del tiempo.

German González Hall trabaja sobre una idea profundamente humana: el miedo a olvidar. Sus dibujos y piezas en acero inoxidable construyen escenas atravesadas por largas sobremesas familiares, paisajes y pequeños destellos que representan fragmentos de memoria.

Durante la charla, Sofía comparte una anécdota que ayuda a comprender su universo: el artista guarda entradas de cine, cucharitas de helado y pequeños objetos cotidianos para registrar momentos importantes de su vida.

“La memoria puede ser como una ruina romana y esa ruina hay que cuidarla, porque si se convierte en pedazos desaparece.”

Mientras escucho la explicación, pienso en algo que ella misma cuenta entre risas: llevar esta obra a una feria internacional implicó enfrentarse a un problema inesperado.“¿Cómo se explica la sobremesa a un norteamericano?”

Y quizás ahí aparezca una de las claves de la propuesta: esas pequeñas ritualidades argentinas que parecen simples, pero terminan construyendo una identidad afectiva.

Los paisajes de Lourdes Tomaghelli también trabajan sobre la memoria, aunque desde otro lugar. Sus dibujos, pasteles y óleos recuperan los recorridos entre Rosario y Santa Lucía, la ciudad donde nació. Hay algo del paisaje visto desde la ventanilla de un colectivo, donde la imagen nunca termina de quedarse quieta.

Las piezas de Lucila Paladino aportan una dimensión completamente distinta. Instalándose entre el dibujo, el grabado y la escultura, sus delicados repujados sobre finas láminas metálicas construyen una fauna y una flora propias, un universo fantástico donde incluso el cuerpo humano puede transformarse en nuevas especies. Sus piezas cerámicas prolongan esa investigación y funcionan casi como extensiones físicas de la artista.

Mientras recorremos el stand, resulta inevitable pensar que Luogo propone algo poco frecuente: una conversación sobre las distintas maneras de conservar aquello que no queremos perder: paisajes, recuerdos, objetos, sobremesas.

Y esas pequeñas historias personales que, con el tiempo, terminan convirtiéndose en memoria colectiva.

Valk Gallery: el pequeño formato como un gesto de cercanía

En el stand de Valk Gallery, la artista textil Deby Staiff propone una mirada distinta sobre la feria. Más que pensar el pequeño formato como una cuestión de escala o de mercado, lo entiende como una forma de acercar el arte a las personas. La conversación con Deby termina convirtiéndose en una pequeña reflexión sobre el sentido mismo de Pequeño Formato.

“El pequeño formato siempre quedó en un lugar intermedio. Es arte, pero muchas veces pareciera que no alcanza cierta categoría. Y tampoco es artesanía. Habita un territorio propio.”

La observación abre una pregunta interesante sobre el momento actual del arte contemporáneo. Para ella, el valor del pequeño formato no pasa solamente por una cuestión económica o comercial, sino por la posibilidad de generar una relación distinta entre la obra y el espectador.

“La posibilidad de acceder al arte no tiene que ver solamente con el dinero. También tiene que ver con que el arte no sea una experiencia lejana de nuestras posibilidades mentales.”

La reflexión adquiere todavía más fuerza cuando habla desde su propia práctica. Acostumbrada a trabajar con textiles de gran escala, recuerda que sus primeras obras fueron pequeñas.

“En el textil, el formato pequeño es natural. Lo raro es lo grande.”

Mientras observamos las piezas, señala algo que termina sintetizando buena parte del espíritu de la feria: la cercanía.

En estas obras el espectador puede detenerse en una pincelada, en una puntada, en la textura del material o incluso en los pequeños accidentes del proceso creativo. Hay una intimidad que las grandes escalas inevitablemente transforman.

Y entonces aparece una definición que probablemente resuma mejor que cualquier otra el espíritu de Pequeño Formato.

Hay algo de una escala humanista en la relación con la obra.

Otra de las claves de esta feria. En un tiempo donde las imágenes parecen competir por ser cada vez más grandes, más rápidas y más espectaculares, el pequeño formato propone exactamente lo contrario. Acercarse. Y descubrir que, a veces, las obras más pequeñas son las que obligan a mirar más despacio.

María Casado Home Gallery: cuando el pequeño formato también es una toma de posición

Si algo quedó claro durante el recorrido por Pequeño Formato fue que el tamaño de una obra no necesariamente determina su intensidad. Y el stand de María Casado parece construido precisamente sobre esa idea.

La propuesta reúne a Gonzalo Beccar Varela, Charli Aguirre y Santiago Poggio, tres artistas muy diferentes entre sí, pero unidos por una misma pregunta sobre los límites de la imagen y sus posibilidades narrativas.

María Casado define a Gonzalo como el vértice del diálogo curatorial. Sus obras, atravesadas por formas orgánicas y colores expansivos, parecen desafiar el propio marco, como si la pintura quisiera escaparse hacia el espacio real. “Son partes del cuerpo que quieren salir al mundo”, resume la galerista.

El recorrido continúa con Charli Aguirre, artista rosarino cuya práctica artística convive con su trabajo cotidiano junto a niños en su taller Alecrim. Sus pequeños collages y dibujos incorporan objetos encontrados, recuerdos familiares y escenas íntimas, incluso referencias a la cultura popular como una inesperada Taylor Swift construida desde la ternura y el humor. Todo está realizado manualmente, incluso los marcos.

La tercera apuesta es Santiago Poggio, artista con una extensa trayectoria y recientemente protagonista de una importante exposición antológica en el MACLA de La Plata. Sus óleos aportan un contrapunto sólido dentro del conjunto y dialogan naturalmente con el resto de la propuesta.

Pero quizás el hallazgo más interesante de la conversación no pasó únicamente por las obras. María Casado planteó una idea que resume buena parte del espíritu de la feria:

“Que lo pequeño también puede ser elegante, privilegiado, consentido y estar muy bien hecho.”

La galerista, actual vicepresidenta de Meridiano, destacó además el valor de este tipo de iniciativas para ampliar el acceso al coleccionismo y fortalecer los vínculos entre galerías históricas y proyectos emergentes. Su presencia en Pequeño Formato responde también a una decisión colectiva de acompañar nuevos circuitos del arte contemporáneo argentino.

Y mientras conversa sobre futuras participaciones en Rosario o ArteBA, queda una sensación agradable: la de estar frente a una galerista que entiende que construir escena también implica generar comunidad.

Quimera: el difícil arte de hacer convivir las diferencias

Hay propuestas que se sostienen por la fuerza de una obra y otras que encuentran sentido en el diálogo entre muchas voces. El espacio de Quimera Galería pertenece a este último grupo: una pequeña constelación donde cada artista conserva su singularidad sin eclipsar al resto.

Gabriel Bitterman explica que la selección partió de una premisa sencilla, aunque nada fácil de lograr: dar visibilidad a la mayor cantidad posible de artistas sin que las obras compitan entre sí.

“Que nada compita con nada y que todo tenga su lugar”, resume.

La apuesta reúne miniaturas de Pablo Insurralde, las semillas de palta talladas de Hernán Soriano, las cámaras construidas con espejos de Nina Kovensky, las pinturas de Valentína Ansaldi, las delicadas llaves de bronce de Julia Levstein y los gatos de cerámica de Julio Hilger.

La diversidad de materiales y lenguajes podría parecer un desafío, pero justamente ahí aparece el trabajo galerístico-curatorial: construir una narrativa donde cada pieza conserve su identidad sin perder el diálogo con el conjunto.

Para algunos visitantes, incluso, el reencuentro con ciertos artistas genera una continuidad afectiva. El caso de Valentina Ansaldi es uno de ellos, cuya producción ya había llamado la atención en otras experiencias expositivas, ahora presentada desde una escala completamente diferente.

Quimera participa por primera vez en Pequeño Formato y la decisión no fue casual. Bitterman reconoce que la fecha estratégica que quedo lejos de ArteBa, el entusiasmo del equipo organizador y el acompañamiento de galerías con trayectoria fueron factores decisivos para sumarse.

También aporta una mirada interesante sobre el presente del mercado del arte.

“Es una inversión menos riesgosa que otras ferias”, comenta, señalando que el formato permite a las galerías apostar por nuevos públicos y nuevos circuitos sin las enormes estructuras económicas que demandan otros eventos.

Cuando le pregunto por las expectativas, la respuesta es breve y honesta: “Sorprendernos”.

Y quizás esa sea otra buena definición para toda la feria. Un espacio donde conviven materiales, generaciones y estéticas distintas, pero donde todavía existe margen para el descubrimiento.

Almacén Arte Contemporaneo: el arte como registro de la vida

En diálogo con su galerista, Ismael Abraham, la propuesta reúne a Leo Mayer, Kalil Llamazares, Mariquena Vallejo y la artista invitada Alejandra Recosta, cuatro universos distintos atravesados por una misma idea: registrar el paso del tiempo y las emociones cotidianas.

Los textiles de Leo Mayer son quizás una de las piezas más singulares del recorrido. El artista trabaja el tejido y la escritura como un mismo gesto. “Para Leo, tejer y escribir es exactamente lo mismo”, explica Abraham.

Las piezas abandonan el bastidor tradicional para convertirse en páginas textiles, pequeños registros vivos donde la palabra y el hilo construyen una misma narrativa.

Kalil Llamazares propone otro tipo de diario íntimo. Desde su casa en San Isidro, donde confluyen el Río Paraná y el Río de la Plata, pinta todos los días el mismo sauce. Más de ciento ochenta versiones del mismo árbol dan cuenta de un paisaje que cambia tanto como el estado emocional del artista.

Alejandra Recosta trabaja con tinta china, grafito y lápices de color, construyendo dibujos donde las emociones parecen adquirir dimensión espacial, mientras que Mariquena Vallejo encuentra poesía en los pequeños fragmentos de cielo que sobreviven entre edificios en permanente construcción y demolición. Sus óleos funcionan como un registro de esos vacíos urbanos que muchas veces pasan desapercibidos.

Más allá de los artistas, Abraham ofrece una de las reflexiones más interesantes de la feria sobre el pequeño formato y el mercado del arte contemporáneo. Según el galerista, uno de los grandes aciertos de Pequeño Formato es permitir la convivencia entre grandes coleccionistas y quienes se animan a comprar su primera obra original.

“En un mismo espacio conviven las grandes colecciones con los tímidos que todavía no compraron su primera obra.”

La frase resume buena parte del espíritu de la feria: democratizar el acceso al arte sin resignar calidad ni rigor curatorial.

Es la primera participación de Almacén Arte Contemporaneo en Pequeño Formato y las expectativas son altas. Cuando le pregunto cómo viene la jornada, Ismael sonríe y hace cuentas rápidas: ya llevo dos vendidas y varias reservas en las primeras horas de feria.

¿El secreto? Pregunto. Se ríe antes de responder: “Soy turco”.

The White Lodge: otras geografías para mirar el arte argentino

The White Lodge parece llegar con una declaración de principios. Desde hace años, la galerista Georgina Valdés viene construyendo un programa que pone el foco en escenas artísticas alejadas del circuito más inmediato de Buenos Aires, recuperando artistas y lugares que encuentran en el paisaje una forma de pensar el presente.

Su propuesta para Pequeño Formato reúne a tres artistas que dialogan entre sí desde lugares muy distintos, pero atravesados por una misma sensibilidad.

Jacinto Muñoz presenta sus ya reconocidos Little Monsters, pequeñas esculturas de porcelana realizadas a partir de una investigación que lo lleva cada año hasta Jingdezhen, en China, considerada la capital mundial de la porcelana. Entre las sierras cordobesas y la tradición milenaria china, el artista construye personajes que oscilan entre la ternura y lo inquietante.

“Nos interesa trabajar desde la sensibilidad para pensar temas complejos”, explica Georgina. Y quizás allí aparezca una de las claves de la galería: utilizar formas aparentemente ingenuas para abrir preguntas mucho más profundas.

El tucumano Sandro Pereira aporta otra de las propuestas más singulares de la feria. Su serie de limones toma uno de los grandes símbolos productivos de Tucumán para reflexionar sobre el paisaje, la economía y la identidad regional. Inspirado en el movimiento antropófago brasileño, el artista desarrolló incluso su propio manifiesto: la autofagia, entendida como la capacidad del artista de alimentarse de su propia producción para seguir creando.

No es casual que buena parte de esta serie ya forme parte de importantes colecciones institucionales como el Malba y el Museo de Arte Moderno.

Completa el recorrido Mateo Argüello Pitt, figura fundamental de la escena cordobesa y reciente incorporación de la galería. Valdés reconoce en él uno de los objetivos centrales de su trabajo: recuperar artistas con trayectorias sólidas que, por distintos motivos, quedaron momentáneamente fuera del foco del mercado.

“Algunos artistas hacen un paso al costado y nosotros sentimos que hay que volver a traerlos”, resume.

Más que una estrategia comercial, la propuesta de The White Lodge parece funcionar como un ejercicio de memoria y de construcción de nuevas cartografías para el arte contemporáneo argentino.

Y quizás esa sea una de las grandes virtudes de Pequeño Formato: descubrir que, lejos de los grandes centros urbanos, existen otras voces, otros paisajes y otras maneras de contar el país a través del arte.

Subsuelo 238: el tiempo también puede ser una obra

“Los Danis” de Subsuelo 238 llegan para vender tiempo.

Su propuesta gira alrededor de Rosa Aragones, artista rosarina de 97 años, discípula de Juan Grela y protagonista silenciosa de una generación que produjo arte mucho antes de que existieran los circuitos contemporáneos de legitimación.

La galería presenta una edición de grabados históricos realizados entre las décadas del 50 y 60, recuperados a partir de los tacos originales que la propia artista conservó durante más de siete décadas. El proyecto no se limita a exhibir obra: recupera una tradición profundamente arraigada en Rosario y reivindica al grabado como una de las disciplinas más democráticas del arte.

Daniel lo explica de una manera tan simple como contundente: “El grabado es una de las técnicas más democráticas porque permite acceder a un original a un precio mucho más accesible.”

La carpeta completa reúne siete piezas firmadas por la artista y propone una experiencia de coleccionismo diferente, casi comunitaria. Algunos grupos de amigos incluso las adquieren en conjunto y luego reparten los grabados entre sí.

Pero la conversación rápidamente abandona la obra para transformarse en una reflexión mucho más amplia sobre el oficio, la memoria y el tiempo.

Daniel Pagano recuerda haber conocido personalmente a muchos de los grandes maestros rosarinos, haber recorrido sus talleres y haber escuchado historias que jamás aparecerán en un libro de historia del arte. “Si hay tiempo, hay historia.” Pienso. Y Daniel sabiamente agrega: “hay espesor y hay oficio”.

Las afirmaciones funcionan casi como una declaración de principios. En un presente acelerado, donde las imágenes se consumen y descartan con rapidez, Subsuelo propone detenerse, observar y comprender los procesos que existen detrás de cada técnica y cada obra.

La recuperación de artistas históricas como Rosa Aragones también abre otra conversación necesaria: la revisión del lugar que ocuparon muchas mujeres dentro de la historia del arte argentino y las formas en que fueron invisibilizadas o relegadas.

La propuesta de la galería termina construyendo un puente entre el arte moderno y las prácticas contemporáneas, entendiendo que ambas tradiciones pueden dialogar y enriquecerse mutuamente.

Y cuando la charla parece terminar, Daniel deja otra definición que bien podría convertirse en uno de los manifiestos no oficiales de Pequeño Formato:

“Una obra chica no tiene menos valor, del mismo modo que una sonrisa escondida no tiene menos alegría que una carcajada en una fiesta.”

En una feria dedicada a las pequeñas escalas, cuesta imaginar una mejor defensa del formato.

Casa Proyecto: cuando el zoológico deja de ser inocente

Entre las propuestas más cohesivas de la feria apareció el solo show de Nazarena Mastronardi, presentado por Florencia Bruno de Casa Proyecto Galeria. Bajo el título My zoo, la artista construye un universo donde insectos, mariposas, gatos y pequeñas criaturas parecen escaparse de una antigua lámina de historia natural para ingresar en un territorio mucho más ambiguo.

El punto de partida es el zoológico, pero no entendido como una colección científica de especies sino como un dispositivo de observación, de deseo y hasta de apropiación. Después de todo, como señala la propia propuesta, el zoológico siempre tuvo algo de capricho humano: el deseo de poseer aquello que nos fascina.

Mastronardi trabaja especialmente con las mariposas, aunque rápidamente queda claro que no le interesa la naturaleza como registro documental. Sus animales aparecen intervenidos, humanizados y atravesados por pequeños gestos inquietantes: gusanos que sonríen con bocas cosidas, gatos con moños, insectos que parecen personajes de cuentos infantiles y mariposas que oscilan entre la belleza y cierta incomodidad.

Hay algo de lo lúdico y algo de lo perverso conviviendo en un mismo universo, “como si la naturaleza nos devolviera una mirada que tampoco es del todo inocente” agrega la artista.

La propuesta dialoga además con las antiguas ilustraciones científicas y las láminas entomológicas, aunque alejándose deliberadamente de su rigidez enciclopédica. Donde antes había clasificación y orden, Nazarena propone juego, imaginación y una naturaleza atravesada por emociones humanas.

El recorrido incorpora tanto dibujos como grabados, disciplina fundamental en la producción de la artista, construyendo un ecosistema donde las distintas técnicas conviven con absoluta naturalidad.

Casa Proyecto apuesta aquí por un formato poco frecuente dentro de las ferias: un solo show. Una decisión que, lejos de buscar la diversidad de nombres, privilegia la construcción de un relato coherente alrededor de una única voz.

Y ahí radica uno de los mayores aciertos de la propuesta: demostrar que incluso dentro de una feria de pequeño formato es posible construir un universo grande y completo.

Al Sur Gallery: galería joven que apuesta al futuro.

La propuesta de Al Sur intenta construir una conversación. El proyecto, impulsado por Dafne Cejas y Federico Rabinovich, -nacido en marzo- llegó por primera vez a Feria Pequeño Formato con una selección que evita las jerarquías y, al mismo tiempo, declarar una forma de trabajo: acompañar a artistas de distintas generaciones sin perder el diálogo entre sus obras.

La cordobesa Samanta Abugauch adapta por primera vez su imaginario de grandes dimensiones al pequeño formato. La pintura-retablo, realizada especialmente para la feria, despliega una iconografía contemporánea donde conviven referencias populares y ecos de la pintura clásica.

Brenda Sabbagh aporta una serie de obras que dialogan con sus investigaciones sobre arquitectura y espacio. Sus pequeños formatos mantienen la atmósfera cinematográfica de sus grandes producciones y encuentran un contrapunto delicado en sus dibujos y pinturas de superficie liviana.

Las fotografías de Federico Rabinovich trasladan al pequeño formato una investigación visual que el artista viene desarrollando en escalas mucho mayores. Lejos de funcionar como simples reducciones, estas piezas construyen una búsqueda autónoma, donde la abstracción y el paisaje conviven en un registro más íntimo.

Ese clima encuentra un diálogo inesperado con las pinturas de Jacques Bedel. Los cielos y las formas vaporosas de sus obras parecen prolongar las nubes y atmósferas presentes en las fotografías de Rabinovich, generando uno de los cruces más interesantes del stand.

Completa la propuesta Hernán Salvo, con una pieza realizada especialmente para la feria, reafirmando la idea de que el pequeño formato no implica reducir una obra, sino pensar nuevas estrategias para cada escala.

Primera experiencia ferial para Al Sur, pero con una premisa clara: construir un espacio donde cada artista conserve su identidad sin competir con los demás. Un montaje que demuestra que las galerías jóvenes también pueden proponer lecturas curatoriales sólidas y generar diálogos inesperados entre distintas prácticas contemporáneas, desde su primera aparición.

Ver nota relacionada: Arte Pequeño Formato: La feria donde el arte volvió a tener escala humana.

Cuando empecé el recorrido todavía estaban acomodando las últimas obras. Los galeristas corregían pequeños detalles de montaje, los artistas miraban de reojo sus propios trabajos y el público todavía no sabía qué iba a gustarle.

Horas después, mientras abandonaba la feria, entendí que ninguna de estas galerías estaba defendiendo solamente una obra o un artista. Cada una proponía una manera distinta de mirar el presente del arte argentino.

Algunas hablaban de la memoria. Otras del paisaje, del territorio, de los afectos, de la naturaleza, del tiempo, de la escritura o del oficio. Algunas recuperaban artistas históricos y otras apostaban por nuevas generaciones. Pero todas parecían compartir una misma convicción: el arte sigue siendo una conversación. Y tal vez el mayor hallazgo de esta feria sea descubrir que el arte argentino está perdiendo, por fin, el miedo a encontrarse con la gente.

Quizás por eso estas fueron las galerías donde decidí detenerme.

No necesariamente las más grandes. Ni las más ruidosas.

Simplemente aquellas que, en medio del recorrido, lograron hacer algo cada vez más difícil: obligarme a bajar el ritmo y mirar un poco más despacio.

Fotogafias: Gabriel Altamirano

Para seguir leyendo más noticias del mundo del arte, visitá la sección Noticias.

🔥 Si te interesó, no dejes de compartir este artículo:

Más Noticias:

películas de arte
películas de arte
Convocatorias para artistas 2026

Otras Noticias 🔥