✒️ Por Gastón Fournier
La periodista presentó en arteBA 2026 su segundo volumen de conversaciones con artistas visuales.
Cuarenta y cinco entrevistas, más de dos décadas de oficio y una manera de preguntar que convierte cada encuentro en una pequeña revelación. Una lectura personal sobre el libro, pero también sobre la mujer que aprendió a escuchar el mundo del arte y a contar sus historias.
Soy de los que, cuando necesitan respuestas, abren un libro por cualquier página, mezclan los naipes y esperan una señal.
A María Paula Zacharías, en mi caso, también la leo para encontrar respuestas.
Tengo una pequeña costumbre: cada tanto abro alguna entrevista casi al azar, como quien consulta un oráculo. Busco que algo del mundo del arte llegue hasta mí; que una frase, una experiencia o el relato de un artista me acerque una pista sobre lo que está pasando. Y, curiosamente, siempre encuentro algo: una historia que no conocía, una reflexión que se queda dando vueltas, una respuesta que no sabía que estaba buscando.
Por eso, cuando aparece Entrevista con el arte II, su nuevo libro, la lectura adquiere para mí una dimensión adicional. Esta vez también es una oportunidad para acercarme a quien, durante más de dos décadas, ha sabido hacerles las preguntas a los artistas.
María Paula Zacharías es periodista especializada en artes visuales. Desde 2001 colabora con el diario La Nación, escribió para publicaciones culturales, realizó entrevistas, catálogos y libros de artistas, y desde 2022 conduce El Ojo del Arte, el programa radial que también produce integralmente. Su trayectoria fue reconocida, entre otros, con el Premio a la Trayectoria de la Asociación Argentina de Galerías de Arte y el Premio ADEPA en Cultura. El programa recibió dos premios Martín Fierro en esa categoría, en 2023 y 2024. Pero detrás de esos antecedentes profesionales hay algo menos fácil de enumerar: una curiosidad persistente, una capacidad de escucha y una manera de acercarse a los artistas que vuelve sus conversaciones accesibles sin quitarles profundidad.

En esta ocasión, sin embargo, la nota es ella.
Y aparece una María Paula que quienes la seguimos desde hace tiempo conocemos solo en parte. Mujer, madre de tres hijos, viajera incansable de ferias y encuentros federales, capaz de organizar traslados, entrevistas, horarios y vida familiar para llegar a donde sucede algo que merece ser contado. En el camino hubo un amor que llegó a mover estructuras que parecían consolidadas y una nueva geografía afectiva que la llevó a Corrientes. Allí, entre cambios, viajes y reorganizaciones, el garaje de su casa en San Isidro se convirtió en taller. También están su madre, que queda al cuidado de las mascotas cuando toca salir de viaje, sus hijos, que muchas veces la acompañan, y esa voluntad de seguir haciendo que parece ganarle siempre a cualquier dificultad.
El amor, en su historia reciente, no aparece como una pausa en el trabajo, sino como una fuerza capaz de volver a ponerlo todo en movimiento. Hay algo entrañable en esa transformación: la periodista que suele preguntar, escuchar y registrar la intimidad de otros acepta ahora que la conversación se detenga sobre su propia vida. Y, en ese movimiento, se vuelve más cercana.
Su manera de entrevistar tiene una particularidad. No hace falta conocer de antemano toda la trayectoria del artista para entrar en sus textos. Las preguntas abren puertas, los relatos avanzan con naturalidad y las respuestas dejan ver algo más que una descripción de obras o una sucesión de antecedentes. No sé si se trata de los años de oficio, de una calidez que convive con el rigor o de esa curiosidad que no se agota. Probablemente sea una combinación de todo eso. Sus notas atraen porque consiguen que el artista aparezca como alguien que piensa, duda, trabaja, se equivoca y vuelve a empezar.
Cuatro años atrás, Zacharías había llevado parte de ese trabajo al formato de libro con Artistas de entrecasa, una experiencia nacida durante la pandemia, cuando las entrevistas se trasladaron a las pantallas y encontraron en YouTube una forma de circulación. Antes, en 2018, había publicado el primer volumen de Entrevista con el arte, que reunió 47 conversaciones realizadas entre 2004 y 2017 y que ya lleva cinco reimpresiones. Ahora, con este segundo tomo, vuelve a reunir entrevistas publicadas a lo largo de más de dos décadas, muchas de ellas revisadas desde la distancia que permite el tiempo.

Entrevista con el arte II reúne 45 conversaciones con artistas de distintas generaciones y recorridos. Gabriel Chaile, Sara Facio, Liliana Porter, Leandro Erlich, Marta Minujín, Delia Cancela, La Chola Poblete, Claudia Alarcón, Eduardo Costa, Nicola Costantino, Mondongo, Matías Duville y Amparo Viau son algunas de las voces que integran este volumen. La nómina se extiende a figuras fundamentales del arte argentino y a artistas cuyas prácticas permiten leer las transformaciones de la escena contemporánea.
El libro no funciona como un catálogo de nombres ni como una sucesión de perfiles destinados a confirmar trayectorias. Su interés está en lo que sucede cuando una pregunta encuentra una respuesta inesperada: en las pequeñas historias que aparecen al costado de una obra, en las decisiones que parecen menores y terminan explicando una vida de trabajo.
Así podemos enterarnos de que Amparo Viau alquila paredes de las casas de sus amigos para pintar; que su recorrido anterior por el cine y la publicidad también forma parte de su formación visual; o que el dúo Mondongo atravesó sus propias crisis con la materialidad hasta encontrar nuevas maneras de trabajarla, incluso con herramientas domésticas como una máquina de hacer pasta. En sus entrevistas, esos detalles no son anécdotas decorativas: son pistas para entender cómo se construye una práctica artística.

Gabriel Chaile, por su parte, deja entrever una imaginación que no se agota en la escultura. En la entrevista cuenta su deseo de construir más hornos de barro en funcionamiento, capaces de alimentar a la gente. Esa aspiración conecta su trabajo con una dimensión comunitaria que atraviesa buena parte de su producción. La posibilidad de llevar esa experiencia a distintos lugares —de Miami a La Boca— permite pensar el arte también como una forma de encuentro, intercambio y hospitalidad.
En otro momento aparece Matías Duville, con el recuerdo de una espera prolongada: durante años se había presentado para representar a la Argentina en la Bienal de Venecia, hasta que finalmente fue seleccionado. Su reacción conserva la incredulidad de quien todavía no termina de procesar aquello que persiguió durante tanto tiempo. «Todavía no caigo», resume. La frase tiene algo que las biografías oficiales suelen perder: la emoción concreta de un artista frente a una oportunidad que parecía lejana.
Son esos fragmentos los que vuelven atractivo el recorrido. No solamente porque permiten conocer mejor a quienes producen arte, sino porque restituyen algo que suele quedar afuera de la circulación pública de sus obras: el tiempo, las dudas, las obsesiones, los accidentes y las pequeñas decisiones que sostienen una trayectoria.
El segundo volumen también tiene una historia material y editorial. La edición estuvo a cargo de Estudio India, integrado por Eugenia Rodeyro y Victoria Blanco, y la publicación contó con el auspicio de Fundación Santander a través de la Ley de Mecenazgo. La tapa reproduce una pintura de la artista tucumana Sonia Ruiz: un retrato de Gabriel Chaile, quien también vuelve a aparecer entrevistado en el interior del libro. Una elección que enlaza la imagen de cubierta con una de las voces que forman parte de este archivo.

La presentación tuvo lugar el viernes 30 de octubre, en Isla de Ediciones, durante la 35.ª edición de arteBA. Acompañaron a la autora Eugenia Rodeyro, de India Ediciones; Constanza Bertolini, editora de La Nación, y los artistas Matías Duville, Amparo Viau, Sonia Ruiz y Eduardo Costa. El encuentro tuvo algo de celebración colectiva: muchas de las personas cuyas voces aparecen en las páginas estaban allí, compartiendo el momento en que esas conversaciones volvían a reunirse bajo una misma cubierta.
En su nota preliminar, Zacharías confiesa que disfruta volver sobre las entrevistas en los días tranquilos de verano, lejos de la urgencia con la que fueron escritas para diarios y revistas. Le gusta reencontrarse con las palabras de los artistas, sus bromas, sus reflexiones, las explicaciones de sus obras y hasta los momentos en que alguno la manda a pasear por sus «preguntas de periodista». También recuerda el olor de los talleres y el calor de los abrazos. Esa confesión permite entender que el libro no es únicamente una compilación: es una forma de regresar a los encuentros y reconocer cuánto queda de ellos con el paso de los años.
Hay una frase de su presentación que me interesa especialmente: las conversaciones van trazando, a lo largo del tiempo, una cartografía de las vidas de los artistas. No se trata de fijar una versión definitiva de cada trayectoria, sino de conservar momentos de pensamiento, registrar transformaciones y dejar constancia de aquello que, en el vértigo de la actualidad, podría perderse.
Releer sus entrevistas también es volver: volver a preguntar, volver a escuchar, volver a encontrarse con alguien cuya obra ya conocemos, pero cuya historia todavía puede sorprendernos.
A mí, mientras tanto, me queda una pregunta para María Paula. Después de más de veinte años de conversaciones, de tantos talleres visitados, viajes, ferias, artistas consagrados y otros que recién comienzan, ¿qué sigue teniendo la capacidad de sorprenderte? ¿Qué pregunta todavía no hiciste y qué historia sentís que te falta escuchar?
Entrevista con el arte II reúne nuevas voces en una conversación que María Paula Zacharías mantiene abierta desde hace más de dos décadas. Cuarenta y cinco entrevistas, distintas maneras de mirar y una certeza que se renueva cada vez que abro sus páginas: el arte siempre tiene algo más para decir. Y la respuesta aparece en las palabras de alguien que todavía tiene mucho por contar.
Fotografía: gentileza de prensa de María Paula Zacharías, Foto de Feria de Amparo Viau de Gabriel Altamirano.












