Arte con Tacto: una experiencia creativa para integrar equipos

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Creada por la artista y docente Lucía Fornieles, esta propuesta traslada el lenguaje del arte al mundo empresarial a través de una experiencia colectiva donde equipos de trabajo —sin formación artística— se encuentran, se escuchan y construyen en conjunto una obra que pone en juego vínculos, comunicación y sentido de pertenencia.

Una experiencia artística pensada para equipos

En un escenario laboral donde la productividad suele imponerse como medida principal, cada vez se vuelve más evidente que el rendimiento no alcanza para sostener un equipo. La dificultad no está en la capacidad individual, sino en la calidad del vínculo: equipos que cumplen, pero no necesariamente conectan; que funcionan, pero no siempre se escuchan.

Desde ese punto de partida surge Arte con Tacto, la propuesta creada por la artista y docente Lucía Fornieles, orientada a trabajar con personas de distintos roles dentro de una empresa —desde operarios y administrativos hasta gerentes y directivos—, sin experiencia en el arte, que se reconocen como poco creativas o que incluso llegan con cierta distancia o resistencia frente a la idea de pintar.

Según Fornieles, ese primer momento es tan esperable como necesario. La incomodidad inicial —expresada en frases como “no puedo” o “soy pésima pintando”— forma parte del proceso. Sin embargo, algo cambia cuando la experiencia comienza a desplegarse: el pasaje de la duda a la acción sucede con una rapidez que sorprende incluso a quienes participan.

La propuesta, en esencia, no busca formar artistas, sino habilitar otra forma de encuentro. Tal como plantea la coordinadora, se trata de correrse del automatismo cotidiano y abrir un espacio donde el grupo pueda “darse una oportunidad”. En ese gesto, aparentemente simple, empieza a configurarse algo distinto.

Del control a la experiencia compartida

La dinámica de Arte con Tacto se organiza en torno a una pintura colectiva de gran formato realizada con las manos. Este desplazamiento —del pincel al contacto directo con la materia— no es menor: implica dejar de lado el control, suspender la exigencia del resultado y habilitar una experiencia más sensorial.

A medida que el proceso avanza, la escena inicial se transforma. Donde había expectativa o distancia, aparece el movimiento; donde predominaba el silencio, surge la interacción. Fornieles observa que el grupo atraviesa un cambio progresivo pero evidente: la energía se vuelve más distendida, más presente, más disponible al intercambio.

En ese contexto, comienzan a emerger gestos que no siempre encuentran lugar en la dinámica laboral: el aliento entre compañeros, la celebración de los logros ajenos, la posibilidad de ceder espacio para que otro avance. “El que entró negando con la cabeza, no quiere dejar su turno”, sintetiza la artista, dando cuenta de ese pasaje de la resistencia al involucramiento.

Lejos de forzar la integración, la experiencia la propicia a través de la acción. El trabajo compartido sobre una misma superficie obliga —sin imponer— a escuchar, a negociar, a confiar. Y en ese hacer conjunto, se abren preguntas que exceden lo artístico: qué lugar ocupa cada uno dentro del equipo, cómo se construyen los acuerdos, qué sucede cuando se baja la guardia y se habilita la voz del otro.

La obra como huella y como síntesis

Al finalizar la experiencia, el grupo no solo se lleva lo vivido, sino también una obra, que queda en la empresa para el disfrute de todos. Un objeto concreto que permanece en el espacio de trabajo y que funciona como síntesis de ese proceso compartido. Según Fornieles, no se trata de una pieza decorativa, sino de un registro: una forma de condensar decisiones, tensiones, acuerdos y descubrimientos que ocurrieron durante la actividad.

En este sentido, el diferencial de Arte con Tacto respecto de otras propuestas de integración radica en esa permanencia. La experiencia no se agota en el momento, sino que deja una huella visible que continúa operando en el tiempo. Las devoluciones de quienes participan refuerzan esa idea: haber logrado integrarse, haber trabajado como equipo, haber alcanzado un resultado inesperado sin contar con herramientas técnicas previas.

La escena que la artista recuerda con mayor claridad condensa, quizás, el espíritu de la propuesta: una persona de más de ochenta años, completamente entregada a la experiencia, pintando con la soltura y la alegría de un niño. No es un dato anecdótico, sino una señal de lo que puede suceder cuando el contexto habilita, cuando la exigencia se suspende y el hacer se vuelve compartido.

En un contexto donde las organizaciones buscan nuevas formas de fortalecer sus equipos, experiencias como esta proponen un desplazamiento: del rendimiento al vínculo, de la lógica individual a la construcción colectiva. Porque cuando un grupo se anima a crear, no solo produce una obra. También ensaya, aunque sea por un momento, otra manera de estar juntos.

Contacto y más información

Para más información o consultas, se puede contactar directamente con la propuesta, conocer el perfil profesional de Lucía Fornieles, visitar la cuenta de Instagram de Arte con Tacto o acceder al sitio web del proyecto.

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