Compuesta por objetos pictóricos y una instalación sonora basada en lapsos aleatorios e intuiciones maquínicas. La exposición, inauguró el día jueves 17 de octubre y podrá visitarse hasta el viernes 15 de noviembre.

Un himno previo a este resonó en el Salón de Maquinaria de la Exposición Mundial Colombina, en Chicago, en 1893. Los tempranos prodigios del capitalismo corporativo que allí se exhibieron incluían sistemas polifásicos de distribución de corriente, escaleras mecánicas, ruedas de la fortuna y avena procesada: así empezaba a diseminarse en una heterogeneidad fractal el sentido político de Occidente.

El canto que acompañaba aquel amanecer de la desintegración provenía del enjambre de motores diseñado por la compañía Westinghouse con el fin de dotar de electricidad a toda la feria. Fue el mismísimo presidente Cleveland quien activó el sistema presionando -cómo no- un botón rojo durante el acto inaugural. La energía anticlásica de sala de máquinas era imposible de tolerar para los visitantes, que corrían a refugiarse en la tekné celestial del pabellón japonés, en su paz cerámica y sus estanques. A la sombra ya de una sensibilidad netamente moderna, el futurismo italiano propondría apenas un par de años después su mediación estética sobre lo intolerable; pero en Chicago ese primer himno de las máquinas operaba como inductor de neurastenia y horror.

Himno e instrumento de interpretación se vuelven una unidad operativa también en esta muestra, una unidad impura (o demasiado pura) que al ser humano le está prohibida. Rodolfo Marqués ensaya entonces una ficción elíptica que desprecia por completo los vestigios dramáticos de presencia humana luego de algún cataclismo.

El mundo que construye es uno donde la necesidad por representar se ha disuelto y la compulsión por archivar encontró su límite final. Las máquinas entonces retoman el curso suspendido de las prácticas artísticas y se atreven a reproducirlas como una especie de broma o como un intento tímido por ingresar al terreno de la “desoptimización”, una voluntad experimental de autodesarrollo sensible que las lleva a plantear sistemas imperfectos y de mestizaje temporal. Por eso los tubos cruzan el espacio como tendones desprolijos; por eso conviven guiños al estilo románico con una partitura estocástica y un material sonoro impredecible; por eso la perspectiva de cada viñeta se deforma en planos ópticos superpuestos. No son restos materiales de la humanidad después de su desaparición sino imitaciones de los restos; el zumbido residual de un total cultural colapsado que se reorganiza intentando reproducir las formas de lo sagrado.

En cuanto a la no-ficción –lo que hace a la concreción del objeto–, si nuestro presente indica que no hay dialéctica entre las relaciones técnicas y sociales, y que la sociedad se disuelve en un tejido tecnológico al mismo tiempo que las máquinas se deterritorializan sobre las ruinas de la sociedad, Marqués parece tener algo más de esperanza. Vuelve anacrónico –rebaja incluso– el aspecto de la tecnología justamente para separarla del continuo experiencial indistinto de la vida. Muestra cómo se hacen las cosas, con qué poco. Bajo su dirección, la herramienta es un medio recapturado por la voluntad humana y se refuncionaliza como elemento utópico, o actúa como exteriorización de la necesidad política de un nuevo paradigma.

Los sistemas tecno-comerciales pertenecen a la región del horror y existen en un estado superior de amorfismo, sin trayectoria formal inherente, donde también se vuelven uno con lo abstracto del capital. En ese mismo sentido, las “máquinas” que bajo el manto de esta ficción expositiva compusieron un himno para sí mismas, existen también como potencialidad catastrofista invisible. Unos son reales y las otras no, pero Marqués parece preguntarse hasta qué punto la mano humana, empuñando su martillo gastado, puede hacer confluir ambos mundos. Cómo hacer para modular, a través de una operación que podría denominarse materialismo sublime, el horno infernal de la realidad.

INFORMACIÓN IMPORTANTE

Durante el fin de semana del Buenos Aires Art Weekend, viernes 8, sábado 9 y domingo 10 de noviembre, el artista estará ilustrando a la témpera la publicación que acompaña la obra. Durante esos tres días, completará el proceso de edición, adaptando la instalación para la creación de 50 ejemplares numerados.

Inauguración: jueves 17 de octubre 18 hs.
Cierre: viernes 15 de noviembre, horario extendido de 13 a 20 hs.
Horarios de visita: lunes a viernes de 13 a 17 hs.

Sobre la galería

waldengallery emerge con la intención de tender puentes y reflexionar críticamente en torno a procesos artísticos, condiciones de producción, consumos culturales y vínculos político-afectivos entre obras, creadores, gestores, instituciones y espectadores. Ocupa hoy el espacio histórico que alojó al mítico CAyC (Centro de Arte y Comunicación), institución responsable de la internacionalización del arte local y latinoamericano entre 1970 y finales de los 90. Continuando con ese espíritu experimental, la galería fomenta el diálogo permanente entre artistas de distintas generaciones. 

Además de un nutrido calendario anual de exhibiciones y la participación en ferias internacionales, waldengallery cuenta con su propio sello editorial. En febrero de 2019 presentó Yulinda, una publicación trimestral, que pretende construirse como un espacio de difusión, discusión y pensamiento, que despierte interrogantes y aliente investigaciones venideras sobre prácticas artísticas contemporáneas.

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