La obra que cumplió 10 años durante la pandemia deleita con un Osqui Guzmán multifacético que revive personajes del siglo de oro español mientras de a retazos rememora sus inicios en el arte dramático. 

Actor de raza”, dicen de quien en el escenario convence. ¿Cuántos personajes interpreta con ilustre maestría Osqui Guzmán en el unipersonal El bululú. Antología endiablada, escrita en colaboración junto a Leticia Gonzalez De Lellis. Se pierde la cuenta, pero no la fascinación ante cada uno de ellos. La obra relata de alguna manera las vicisitudes que atraviesa un joven, quien por error descubre en las artes dramáticas una vocación que desconocía, y un camino posible entre la raza conquistadora y la raza conquistada.

El Bulubú es también un diálogo que se extiende desde el siglo de oro español en la piel de un descendiente de las tierras cuyas minas de oro fueron explotadas, expropiadas. “Estoy hecho de retazos”, confiesa en escena este Bulubú siglo XXI y tal como lo hiciera Vilches en aquellas grabaciones repetidas una y otra vez en el taller de costura familiar, esta pieza es una y muchas a la vez.

La obra celebró en 2020 diez años desde su estreno -como no podía ser de otra manera- en el Teatro Nacional Cervantes y el próximo domingo 28 de marzo será la última función en en Centro Cultural 25 de Mayo. Dejarla pasar sería perderse la oportunidad de disfrutar de un espectáculo plagado de personajes asombrosos que se entrelazan en la memoria de Osqui Guzmán, entre la recreación de aquellas grabaciones de interpretaciones de José María Vilches y la herencia familiar de una tradición a la que se renuncia a medias. 

Por bulubú se definía a aquel actor solitario o comediante español que viajaba a pie de pueblo en pueblo haciendo breves representaciones, interpretando todos los personajes que aparecían en la loa, farsa o entremés elegidos de su variado repertorio. Vilches fue la inspiración para Osqui, quien obra como un instrumento de diversión y emoción para el público que tras una década en cartel aún lo aplaude con emoción y de pie al final de la función.

La raza de actor se construye a fuerza de pasión y esfuerzo, con aciertos y desaciertos, y es un camino que, si no se trae como herencia, bien se aparece por casualidad y en la confusión se abre como una fuente inagotable de personajes entrañables.

Nota: Lujan Gambina