Noche dominguera altamente pegajosa en Buenos Aires. Papina de Palma & Luciana Mocchi caldean su segunda presentación en un Vinilo que las espera repleto y con ganas, transpirando complicidad vecina.

Desde una mesa ocupada por residentes de 3 continentes, ojos atentos escudriñan la dupla de mujeres venidas desde la Banda Oriental. Antes de ellas, Maca Mona Mu comparte un pequeño repertorio a voz y piano, y algo de cuerdas. Al rato determina: “es una jornada de alegría, amor y música”. Al final de la velada tendrá razón.

Antes de seguir, inician la próxima etapa del rito. Las tres se unen en himno charrúa, bien conocen que en la platea va el corazón adelante.

Papina de Palma es como una encantadora de serpientes que tomó alguna clase de stand up. O será que ser parte de una murga la deja en clave pícara para las palabras, fácil para las risas. Su presentación es una delicia, su silueta divertida se mueve con gracia, de la guitarra al ukelele, siempre con la voz cantarina y parlante. Acompaña cada canción con su oportuno contexto, nos comparte su mundo.

Luciana Mocchi llega y como una bruja poderosa cambia el aire del lugar. Secundada por Luis Volcoff en piano y Christine Brebes en violín se estira sobre el escenario, apoya su espalda en el piso, sus ojos vueltos hacia arriba, su corazón entre los dientes. Maneja los hilos secretos de la función como un titiritero experimentando. Nos tiene atados de manos y pies, siguiendo su voz tan peculiar, su lírica novedosa, llamando a su viejo en vivo para que también pueda ser parte, haciéndonos parte de su historia con cada pequeña anécdota. Hablan del transfeminismo, de su experiencia, de dejarse atravesar por ese movimiento. Son el futuro, están tendiendo un puente. Lo cantan, lo transitan, lo construyen. Evitan los formalismos, descienden del escenario y entre el público hacen el cierre. Tan cierto como dice el saber popular, en manada no da miedo nada.

Crónica: Lupe Gambina