Por su belleza, porque en sus plumas caben todos los colores de la paleta, por sus vuelos inagotables y por sus cantos que le dan sentido al Universo, las aves han fascinado al ser humano a lo largo de la historia.

Es un domingo caluroso de un diciembre intenso, en dirección Barrancas-Barracas por el carril equivocado con la mejillas bien babeadas destino final Plasma, donde El Príncipe increpa, ¿cuántas primaveras nucleares resistirás?

Los pájaros  son criaturas asombrosas que viajan miles de kilómetros llevando consigo su cantar nativo. De espaldas, pollera y cabellera desplegadas, dos aves latinas y exóticas reposan maravillosas a la vera del escenario. Sofía Viola & Camila Vaccaro talan la Cordillera para unir tradiciones en sus voces. “Santa Misa de Las Reales Hijas de Puta”, bautizaron al ciclo de abultado repertorio de canciones folklóricas propias y ajenas, en voces siempre prendidas fuego. “Le vamos a dedicar este concierto a todos nuestros muertos” dice Camila, y con su copla hace sangrar las venas abiertas de América Latina. 

Guitarra criolla, pandero, bandoneón, charango, bombo legüero y Álvaro Lazaro Hernández acompañando en percusión. “Perdona nuestra desidia de creer en los héroes bélicos”, reza el Padre Nuestro tuneado que lee Camila, invocando la voz de su madre. Por ahí va la cosa con estas cantoras. “Siempre que nos quejamos de más, van a venir con sus balas”, Sofía imparte enseñanzas al ritmo de cueca. 

El escenario vuelto ritual, las velas prendidas para la ofrenda y la impetuosidad arrasadora de estas féminas. Guardianas del aire, la montaña y los nevados se pasean furiosas por entre las mesas, simbolizando el espíritu guerrero de los ancestros. Va llegando a su final la noche eterna. Estuvimos aquí, en reunión santa para celebrar la grandeza de las aves y sus hazañas de viaje, sus voces furtivas que no conocen de fronteras, su canto divino que eleva.

Crónica: Lupe Gambina